Viernes, 22 Enero 2021 10:21

Preservan producción tradicional de ladrillos en Tequisquiapan Featured

Written by Nadia Velázquez Moreno

El proceso de hacer ladrillos de forma artesanal es lo que ha mantenido a la familia Gámez en Tequisquiapan, así como a otras empresas ladrilleras de la comunidad de San Nicolás; la manera de hacerlos con materiales y herramientas locales son el secreto del favoritismo de los clientes.

La comunidad de San Nicolás, en el municipio de Tequisquiapan, cuenta con aproximadamente 100 hornos para la quema de ladrillos distribuidos en la zona; lo que la convierte en una de las principales en la producción de cuña y ladrillo rojo, seguido por la comunidad de Bordo Blanco, que tiene alrededor de cinco hornos en la zona, trabajados por seis hombres cada uno, dependiendo de la producción de cada ladrillera.

El proceso de producción se mantiene en el ámbito de lo tradicional, pues las batidoras de arena son la única maquinaria implementada dentro de las ladrilleras para mejorar y reducir los tiempos de producción. En la ladrillera de la familia Gámez el proceso completo de fabricación de ladrillos toma en promedio ocho días, antes de obtener el producto que se entrega a sus clientes.

Al obtener la materia prima —que es la arena y la arcilla— se inicia el proceso de fabricación. La arcilla se obtiene de parcelas que están ubicadas dentro de la zona de la comunidad y de bancos de arena. Para la elaboración se requiere de un 70 por ciento de arcilla y un 30 por ciento de arena; y para un millar de tabiques se necesitan aproximadamente 800 litros de agua.

Para la mezcla de la arena con la arcilla, el tratamiento inicial se realiza manualmente con la ayuda de un azadón y posteriormente se introduce a una batidora, diseñada para que en la parte inferior se coloque una carretilla. Los trabajadores de Materiales Gámez estiman que la máquina les reduce dos horas de trabajo.

Posteriormente transportan la mezcla final a donde se produce el tabique, allí emplean moldes de madera de 10 piezas cada uno. Para esa actividad se necesitan de cinco horas de trabajo por persona, ya que pueden moldear alrededor de mil tabiques en ese tiempo.

Una vez que se levanta el molde, lo lavan y dejan secar las piezas durante 24 horas para después cortar cada ladrillo de manera individual y remover las imperfecciones. Después se acomodan con una separación de cinco centímetros entre cada ladrillo durante otras 48 horas hasta que terminen de secarse, para así poder trasladarlos al horno una vez que estén listos.

El horneado implica un tiempo aproximado de entre 65 y 70 horas, lo que depende de la intensidad del fuego, para el cual utilizan como combustible la madera y el aserrín. Los hornos están fabricados del mismo ladrillo que se fabrica. La temperatura, explicó Roberto Gámez, se controla por experiencia, pues no cuentan con herramientas para medirla.

“Este material nos lo piden porque es artesanal, es macizo y más barato también (…) Muchas veces el de fábrica está bien hecho, de un solo color, pero en ocasiones es más frágil o tiene menos resistencia.” Roberto afirmó que el hecho de que el material sea más resistente tiene que ver con que el proceso sea manual y que las personas están acostumbradas a esa calidad y precio.

Redes sociales

Contacto

Teléfono y fax: 1921200 Ext. 5425
Correo electrónico: tribunadequeretaro@gmail.com