Viernes, 12 Marzo 2021 00:00

Cristina Hernández: casi un siglo de artesanía

Written by Nadia Velázquez Moreno

—“A mí sí me gusta trabajar la artesanía, hasta que Dios diga que ya no, hasta ahí.”

A sus 96 años de edad, las manos expertas de Cristina Hernández continúan regalándole a Tequisquiapan y al mundo sus artesanías. En el interior del taller de su casa teje una de las canastas de mimbre que irá a vender el próximo sábado en el local que tiene en el parador artesanal del municipio.

Desde los 11 años ella aprendió a tejer artesanías de vara. Recuerda que inició con sombreros charros y posteriormente se aventuró con los arcones navideños. Cada una de las distintas artesanías que sabe elaborar las aprendió a partir de su observación, copiando el trabajo de mujeres artesanas que ella veía. Ella afirma que no tuvo ningún maestro en el proceso.

Desde que decidió comenzar a vender sus sombreros y canastas, lo hizo como una manera de mantenerse a ella y al mismo tiempo aportar dinero para los gastos de su hogar. Cuando se casó continuó con su labor y a ello le agregó la crianza de animales (como cerdos) con los cuales comerció un tiempo para lograr comprar sus terrenos.

Ella no le ha enseñado directamente a sus hijos o nietos a elaborar sus artesanías; sin embargo, la han acompañado y ayudado desde pequeños, por lo que han aprendido de la misma manera que ella: observando y reproduciendo las técnicas, aunque no todos se dedican de lleno.

Lo que más disfruta es tener trabajo y no solo “estar sentada por ahí”. Dice que les pone color a sus canastas porque estas son un lujo. A pesar de ello, su nieta Elena afirma que su trabajo no es valorado como debería, pues los comerciantes que le compran lo hacen generalmente para revender.

Durante la pandemia, Cristina tiene días en los que no vende nada. Su nieta Elena la apoya vendiendo sus canastas en el centro. Dice que ella le ha cotizado sus artesanías hasta en 130 pesos, pero su abuela piensa que es mejor venderlas más baratas que no vender nada. Aunque se dedica a la artesanía para ganar dinero, Cristina lo hace por el gusto de trabajar.

“Me da vergüenza que me pintaron allí. Cuántas fotos me sacaron ese día, que fue mucha gente, pero me da vergüenza. Sí me gustó, no’más que me daba pena.” Cuenta sobre el día que le enseñaron el mural que hicieron como homenaje a su trabajo, en una de las paredes del centro del municipio.

Como método de subsistencia propia, Cristina elabora alrededor de tres o cuatro artesanías diarias. Cuida su material desde el momento en que inicia el proceso de elaboración para garantizarle a sus clientes la calidad artesanal que ella puede lograr. “A mí sí me gusta trabajar la artesanía, hasta que Dios diga que ya no, hasta ahí.”

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