Sábado, 13 Marzo 2021 12:27

We Are Who We Are, una serie sobre la identidad Featured

Written by Rick Trejo

Todo ser humano, en alguna etapa de su vida, se ha preguntado sobre sí mismo. Nos preguntamos sobre nuestra constitución, tratando de entender de lo que estamos hechos, desde nuestra parte más física hasta aquello de nosotros mismos que no podemos alcanzar, como nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Generalmente esta reflexión en retrospectiva sobre nuestra existencia termina creando una cercanía con nosotros mismos que nos hace replantear elementos de nuestra estructura de la que ni siquiera habíamos considerado como parte de nuestro ser. Nos ayuda a comprendernos y a entender la diferencia entre el lugar en el que nos ha puesto la vida y aquel que queremos alcanzar. Esta intimidad que se genera al cuestionar nuestros valores, nuestras posiciones y nuestra forma de expresar y sentir es la que se retrata en We Are Who We Are, una serie de Luca Guadagnino para HBO, en donde nos presenta, a través de dos adolescentes, el conflicto de la existencia y la autopercepción.

En We Are Who We Are tenemos como protagonistas a Fraser (Jack Dylan Grazer), un muchacho introvertido y con problemas emocionales que llega, junto a sus dos madres, a una base militar italiana en donde conoce a Caitlin (Jordan Kristine Seamón), una chica bastante popular que pronto forma una amistad con él, y que, a través de una narrativa visual casi poética, ambos amigos comparten al lado de un grupo de jóvenes que se encuentran en plena madurez, un viaje de autodescubrimiento lleno de altibajos emocionales.

No es de sorprenderse que en esta historia el enfoque no fuera tanto hacia una trama, sino a lo que Luca Gadagnino sabe retratar mejor: el comportamiento. Y es que ya nos ha dejado en claro en proyectos como Call Me By Your Name y Suspiria, que su fuerte es la carga emocional que pueden provocar los elementos visuales más sutiles en una escena. Esta serie no es la excepción, porque está manchada de la esencia Guadagnino, ya que, como es característico en este director, no solo nos propone una serie de imágenes que componen un paisaje audiovisual bello, sino que a través de los personajes nos evoca a conceptos tan naturales y humanos que logra crear una atmosfera tan llena de intensidad que conmueve a los sentimientos más guardados del espectador. Y no, no se trata de algo trágico, ni romántico, ni divertido, y no va sólo de la fiebre juvenil como uno podría llegar a imaginar, sino que rasca en cosas más profundas, como las diferentes perspectivas que uno tiene sobre el amor, sobre la aceptación, el caos del despertar sexual e incluso la identidad que se froma a partir de una religión y una cultura.

Freaser y Caitlin representan las complicaciones de algo tan simple como la existencia, argumento que se va reforzando con las personas que viven alrededor de este par de amigos, presentándonos una realidad con la que todos podemos conectar por el simple hecho de ser humanos y que, como vemos a través de los ocho episodios, la identidad no es algo que se cuestiona exclusivamente en la juventud, sino que es un proceso constante y presente en toda etapa.

¿Qué nos dice la historia de estos chicos? Básicamente que definir quiénes somos no puede adjudicarse ni a una edad, ni a un sexo, ni a una religión, ni tampoco a una vida, es por eso que esta serie es tan distinta y se siente tan personal, porque no pretende convertirse en un cliché sobre la aceptación. En vez de eso, We Are Who We Are opta por una ficción dramática más simple y menos absurda que el resto de series del mismo género, y sumémosle a eso unas actuaciones fenomenales y un lenguaje corporal tan marcado que no se necesita de muchas conversaciones para adivinar lo que nuestros personajes están pensando.

Se trata de una experiencia intima, cercana y emocional que se siente fresca y, aunque puede llegar a ser lenta, la sensibilidad y emoción que se va construyendo capitulo tras capitulo está tan bien puesta en su lugar que, al terminar de completar todas las piezas en el rompecabezas, el final resulta melancólico, extraño, y no por lo sucedido en el desenlace, sino porque nos deja hambrientos, con ganas de más. Todo esto es lo que le da valor y singularidad al trabajo de Guadagnino y hace que We Are Who We Are valga la pena.

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