Sábado, 20 Marzo 2021 12:00

Chemtrails Over The Country Club: el nuevo paisaje de Lana Del Rey Featured

Written by Rick Trejo

Vamos a mentalizar atardeceres con cielos despejados, el brillo de unas joyas descaradas reluciendo en el sol, la risa íntima de los amigos cercanos y, por último, un paisaje suave y acogedor. Parece que todo luce perfecto, demasiado bueno para ser verdad, tanto que cuesta creer en una vida así de perfecta. Por eso hay que añadirle los tintes oscuros, lo que le dará el toque de realismo a nuestra imagen, como la nostalgia del pasado, los amores pasionales destructivos, el anhelo de una vida que ya se ha ido o el constante juicio de aquellos quienes nos dicen quienes deberíamos ser. Todo esto se encuentra en el más reciente álbum de Lana Del Rey, Chemtrails Over The Country Club, en donde nos encontramos con una faceta más íntima de la cantante, demostrando que sus proyecciones más suaves sobre la vida en la música pueden ser, en realidad, las más poderosas.

Chemtrails parece una reflexión sobre el pasado de Del Rey, mucho antes de que alcanzara la fama. En el paisaje que ha pintado nos traslada a sus días de camarera en White Dress, la canción de apertura que nos baña con lo que podemos encontrar en el resto de las 11 canciones: un coro de guitarras y vocales que tienen el tono de ser predecibles pero que, en el momento menos esperado, nos sorprenden con un giro dramático. De esta manera nos sumergimos en una narrativa en donde Lana nos hace ver el lado oscuro de la fama, y la vida tranquila que realmente desea, además del debate constante que tiene entre sus deseos y sus necesidades.

Es un disco suave, nada parecido a su predecesor: Norman Fucking Rockwell!, que aunque ya nos había introducido a la sensación melancólica y desilusionada sobre la industria de la música, no había una profundidad en el tema como en este nuevo álbum. En este proyecto hay algo que el disco anterior no tuvo: un contraste. Y esto lo menciono porque en Chemtrails Over The Country Club hay, en cada canción, un elemento acechante de fondo, un indicio que podemos traducir como aquello que nos resulta inquietante. Es como escuchar el sonido de una tormenta en un día soleado.

A pesar de las críticas y polémicas que han intentado desacreditarla como artista, Lana Del Rey ya le ha puesto su huella a diferentes estilos musicales, demostrando su poder en la industria. Hemos visto, a lo largo de una década, su marca personal en el pop, en el hip-hop, rap, folk y rock, siendo una de las mujeres más influyentes en la historia, y la brújula artística de la nueva generación de cantantes.

En este 2021, Del Rey ha tomado el género Country de la mano de Zella Day y Weyes Blood y, bajo la producción de Jack Antonoff, “Chemtrails” nos ha brindado toda una experiencia auditiva en donde abundan las guitarras y los pianos, y en donde ha develado, sin tapujos, sonidos que desconocíamos sobre su voz. Las canciones que destacan por su singularidad son White Dress, Tulsa Jesus Freak, Yosemite y Dark But Just A Game.

Lo fascinante de este disco no es solo su composición musical y lírica, sino que uno puede darse cuenta en la joya en la que se convertirá con el tiempo desde la primera escucha, dado que no suena como cualquier otro disco, ni siquiera a uno hecho por Lana. No suena a música de radio, ni parece una respuesta a la crítica como fue el caso de Ultraviolence. Creo que Lana Del Rey ha encontrado, finalmente, la forma de crear sin que la interferencia de los medios, del público y de los fanáticos influya en el proceso.

Lana se ha dado cuenta. Nos ha dado un disco que está hecho de potenciales clásicos. El álbum es una metáfora. Ha visto las estelas químicas que le advierten, que vuelve turbulenta su vida en el club campestre y, ahora que lo sabe, no se detendrá.

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