Lunes, 12 Octubre 2020 00:00

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Written by María Guadalupe Morales Uribe*

¿Qué pasa con aquellas comunidades, barrios, pueblos que no poseen las características que en la academia se toma en cuenta, si no somos indígenas? ¿Qué somos?

La D Chalmita, Pedro Escobedo, Qro.- En mis clases de Interculturalidad recuerdo que debatíamos ¿quiénes somos? ¿soy indígena o mestizo? —esto a colación de una lectura que abordaba el tema de la identidad comunitaria sobre la categorización de lo que significa ser indígena—, y recuerdo muy bien la lectura de un teórico que argumentaba una especie de plantilla con requisitos que enunciaban la lengua, la vestimenta, rituales, el territorio, los sistemas normativos como características que presenta una comunidad indígena.

Desde entonces surgió en mi la pregunta ¿qué pasa con aquellas comunidades, barrios, pueblos que no poseen las características que en la academia se toma en cuenta, si no somos indígenas? ¿Qué somos?

Considero que la cuestión no debe ser dicotómica: indígena mestizo, si no que va más allá, tiene que ver con un posicionamiento político anclado a un proceso histórico momento determinado. Hablo en particular desde mi comunidad.

En nuestro caso, la existencia y vigencia de un sistema normativo al interior de la comunidad se ve reflejado en una lógica de vida distinta a las comunidades cercanas: la manera en que nos organizamos y convivimos, la manera en que cuidamos nuestros espacios sagrados y nuestro territorio, y la manera en que nos miran los otros y nos miramos frente a los otros.

En mi comunidad, la identidad y reconocimiento de pertenencia a la misma se da a partir de un conjunto de valores y prácticas ancladas a nuestro territorio, como el respeto a los mayores, el saludo a los vecinos, la participación, convivencia y cooperación para la fiesta patronal (desde monetaria y otras que incluyen donaciones, trabajo comunitario) sobre todo ésta última cobra más peso pues se asume como una norma, la participación en espacios de organización (mayordomía) principalmente.

A partir de mi formación en la universidad, he caído en cuenta que no alcanzan las palabras para definirnos en una sola categoría: indígena, mestizo, campesino, porque somos todo ello y sobre todo somos comunidad, nosotros mismos nos definimos y nos nombramos después de mucho tiempo de escondernos callarnos y obligarnos a olvidar qué somos.

Yasnayá Aguilar menciona que los pueblos indígenas somos la negación constante del Estado mexicano, concuerdo con ella: “Los pueblos indígenas no somos la raíz de México, somos su negación constante. Esto de ser las raíces de México es despolitizarnos, usarnos para justificar algo en lo que nunca participamos, es decir, crear el Estado. Por eso somos una negación”.

Esa negación directamente ligada al racismo se traduce en la negación de nuestros derechos y capacidades, es la justificación de nuestro saqueo constante que localmente ha tenido mucho impacto: en mi comunidad la lengua se perdió y con ello un sinfín de conocimiento y explicaciones.

En el 2013 fuimos reconocidos como comunidad indígena que sirvió para nombrar nuestros derechos colectivos y para trabajar en su exigencia, en 2019, fuimos la primer comunidad en el estado de Querétaro donde se ha llevado a cabo una consulta indígena para la elección de nuestros representantes, aunque eso mismo no cambió mucho en la comunidad, ha abierto el camino para que sean escuchadas las demandas de otras comunidades.

Nuestro futuro y proyectos de desarrollo tendrán que ser impulsados desde las propias lógicas, necesidades, sentires y vivires desde nuestra comunidad, por ello la importancia de la identidad y el reconocimiento de quienes somos, que haciendo pleno uso de nuestros derechos podamos decidir lo que es mejor para nosotros, esa es la gran deuda que tiene el Estado y que tenemos que reclamar y seguir nombrando.

 

*Estudiante séptimo semestre Licenciatura en Desarrollo Local FCPYS-UAQ unidad académica Amealco.

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