Lunes, 12 Octubre 2020 00:00

Comunidades indígenas: una lucha contra el miedo, la ignorancia y la apatía Featured

Written by Estela Hernández Jiménez

La lucha, la resistencia que se ha padecido y que han superado estos pueblos que me dio origen están envuelta de verdades, mentiras de Dioses, santos y demonios.

Kant sostiene que “hasta un pueblo de demonios, de seres carentes de sensibilidad moral, sacrificaría parte de su libertad y se sometería a las leyes de un Estado de derecho, con tal que tuvieran inteligencia”, una inteligencia o estupidez artificial, provocada, persuasión que promete progreso, desarrollo y cultura. Es lo que se impone hoy ante la problemática de los pueblos indígenas de Amealco al cual pertenezco, no dudo que los demás pueblos —aunque no indígenas— estén en condiciones similares o peores.

Adela Cortina cita tres tipos de actitudes éticas: la de los demonios estúpidos (excluyen y culpabilizan), la de los demonios inteligentes (ofrecen pan y circo) y la de las personas inteligentes, justas y solidarias (los que tienen dignidad y no precio). De estas tres actitudes referiré el comportamiento tenido hacia las comunidades indígenas de Amealco oprimidas y reprimidas a través de los años y que parece seguir su tránsito.

La lucha, la resistencia que se ha padecido y que han superado estos pueblos que me dio origen están envuelta de verdades, mentiras de Dioses, santos y demonios; de corrupción, delincuencia, compra o despojo de votos, simulación, superficialidades. Hay dos realidades en este pueblo el bien y el mal; mis abuelos decían que solo hay dos caminos el de Dios (el bien) y el demonio (el mal).

La única realidad a la que hoy nos quieren someter tiene que ver con intereses económicos y políticos de los demonios inteligentes y estúpidos que ahora lucran de todo cuanto se puede negociar del territorio, de las personas, de la cultura. Lucran con la bondad, la sensibilidad, la ignorancia, la pobreza, la necesidad de los más vulnerables, de los más necesitados para seguir controlando. Hoy los de más sensibilidad moral sacrifican su libertad por unos cuantos pesos, halagos, por objetos o algo de dinero porque piensan que así habrán alcanzado la inteligencia que el “patrón”, “verdugo”, “máxima autoridad” en turno les habrá dotado.

La muda y ciega complicidad de las instituciones de gobierno y el Estado han permitido acrecentar una red de injusticia, desigualdad, explotación, segregación, dominación, abuzo, realidad, sometimiento, pobreza, discriminación e impunidad provocado por la compra de voluntades, inserción del miedo y la apatía. La compra de voluntades a través de proyectos, despensas, trabajo, migajas, regalos (del erario público), simulación. La inserción del miedo a usando las mismas instituciones aparatos de control del estado. El desarrollo de la apatía a través de la aporofobia (siendo ellos también pobres), medios de comunicación y educación individualista en la idea de otro nivel o condición social.

 

Algunos acontecimientos que he dado a conocer públicamente en INPI nacional, Presidencia de la república, foros educativos, cámara de diputados, Dirección general de educación indígena, que explican lo anterior y que repercutirá en lo sucesivo:

Nos cambiaron los apellidos originales que teníamos para integrar al indígena a la sociedad. Ahora entre familiares no coinciden nuestros apellidos.

Desde la creación de las escuelas bilingües, indígenas se ha sometido a la comunidad a una educación euro centrista, se castellaniza con libros de texto nacionales, exámenes estandarizados, donde se olvida que somos ñhöñhö.

El sector salud de la comunidad está estructurada y nos atienden como si fuéramos objeto, la mayoría de las ocasiones el trato es discriminatorio, la salud que nos fomentan no está contextualizada para indígenas. Las enfermedades son provocadas, a veces reales, a veces inventadas, como por ejemplo el cólera, la influenza, el COVID-19, la hepatitis en diagnósticos comprobados con estudios de laboratorios.

La inseguridad ha aumentado en los últimos años con la “seguridad del ayuntamiento”, la “policía estatal” y hasta el “ejército”: Son los que te persiguen, te multan, te agreden, te golpean, te secuestran; tal es el caso de dos tianguistas que secuestraron y encarcelaron sin orden, sin delito alguno en este 2020. Otro caso: los juegos mecánicos que la policía estatal se llevó al corralón sin orden y que estaban cobrando una multa de un millón 700 pesos, después 120 mil pesos, finalmente terminaron extorsionando y robándoles 38 mil pesos.

Jurídicamente no contamos con tribunales indígenas. La fiscalía sólo ha funcionado para emitir orden de restricción o citatorios a quien se atreve a denunciar verdades; tal es mi caso.

En lo cultural no existimos para el Estado nada se ha ofertado en los últimos años.

Los artesanos y tianguistas son humillados y discriminados en la ciudad, en el municipio, en su misma comunidad, aunque lele sea famosa y aunque los originarios tengan derechos.

Los medios tecnológicos sirven a un solo patrón de control, se paga muy caro estudiar o estar “informado”.

Se somete a la alimentación pobre con veneno rico. El alcoholismo, la drogadicción, son provocados desde el poder dominante, las causas son diversas, el fin es el exterminio.

La compra de votos y el acarreo se visualiza en cada proceso electoral, en estos pueblos se dan tortas con dinero, se reelige 3 veces el presidente municipal, se reeligen los subdelegados, se imponen “autoridades”. Las autoridades que no imponen los hostigan y separan de sus funciones como el caso del delegado de San Ildefonso Tultepec.

En Santiago Mexquititlán se obliga respetar a la “máxima autoridad” aunque sea impuesta y aunque sea “carente de sensibilidad moral”, pues tiene el apoyo y el respaldo de todo un ejército de Estado.

Desigualdades, el Estado y la lucha

Desde la cúpula sucia de muy alta posición pretenden obligar a nuestros pueblos originarios a callar, mentir y delinquir. Estos actos que presume el poder que cambia la verdad por mentira, que enseñan a robar y no trabajar, donde se justifica la maldad y no la dignidad, cambianla tierra la por esclavo moderno, el agua, los árboles, los venden o regalan al mejor postor pues ni les ha costado; se fomenta el irrespeto, enaltecen la destrucción. La solidaridad, la ayuda pretenden desaparecer, sólo les interesa el sometimiento de voluntad, pues ya viene el proceso electoral.

Quisiera continuar describiendo tantas injusticias hacia la comunidad indígena; sin embargo, es preciso citar ante tantas atrocidades. La otra realidad de la comunidad que decidió organizarse, dejar el miedo, la apatía, imponer la dignidad y no el precio, ser autogobierno y no dependiente, ser autónomo y no sumiso. Esta otra realidad que no genera ganancias que no pueden comprar, negociar o manipular es de la que quisiera contagiar al lector para su comunidad, su vida y existencia.

El derecho a abandonar el miedo, la ignorancia y la apatía para ejercer organización, sororidad, valentía, razón, conciencia, libertad, empatía, colectividad y justicia, es lo que nos conducirá a resistir para seguir viviendo.

De toda la violencia, imposición donde no hemos hallado diálogo, pero sí amenazas, resurge el espíritu de nuestros ancestros en la presente historia para decir que estamos de pie, que no nos han vencido, lucharemos como los valientes abuelos que nos heredaron origen, tierra, dignidad y respeto.

En estos momentos, donde las leyes indígenas remarcan nuestro derecho a la autonomía, al autogobierno y a la autodeterminación hemos descubierto el abandono, los oídos sordos y la ceguera de todas las instituciones mexicanas puede dictar ni reconocer y respetar nuestra autonomía, piden tanto trámite burocrático mientras sigue avanzando el verdugo. Y ante tantos “derechos” el clero, el ejército se para con el delincuente en estas comunidades indígenas para arreciar el pecado, el miedo, el sometimiento a modo y conveniencia.

¿Y entonces como vamos a ganar si todo tenemos en contra? Las comunidades indígenas nos hemos reencontrado, nos han agredido tanto que decidimos resistir, amar, defender y transformar lo que nos queda, no ganaremos… viviremos, pues ya no estamos solos. La naturaleza es sabia, de ella somos y a ella regresaremos.

Hoy nuestras comunidades conscientes no piden migajas, sobras o destrucción, bastante hemos tenido. Hoy sólo pedimos respeto a nuestra organización comunitaria, a nuestra sabiduría y a nuestra digna resistencia. Exigimos cese al lucro, represión, persecución y hostigamiento.

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