Jueves, 05 Noviembre 2020 11:25

Casa del Inquisidor, poca evidencia documental tras el mito

Written by Marco Antonio Cervantes

En relación con la existencia de la orden inquisidora en la entidad Queretana, aunque exista registro de dos casos relacionados a la brujería en Querétaro, esto no representaba un dato exacto.

Diversos mitos han sido relacionados a la construcción ubicada en la calle Próspero Vega 37, coloquialmente conocida como la Casa del Inquisidor; sin embargo, esto sólo representa una serie de rumores en torno al “morbo” en la sociedad queretana, expuso la historiadora, Luz Amelia Armas Briz.

Sostiene su postura debido a que —según la documentación y testimonios de la época— no hay “antecedentes de tortura en la entidad queretana cuando los juicios de la Inquisición eran remitidos únicamente en la Ciudad de México”.

La construcción del inmueble abarca desde la época virreinal en el siglo XVIII, en el que  —según narra el cronista Jaime Zúñiga Burgos— la casona fue creada en la antigua “Calle Nueva” por el sacerdote Francisco Lepe, quien le daría estilo a su característica arquitectura; sin embargo, para la académica Luz Amelia este estilo arquitectónico a modo de “fortaleza” tendría su origen en la preocupación franciscana ante ataques en contra de la casa debido a la cercanía con el río Querétaro, separación entre la ciudad y la “otra banda”.

Después pertenecer al franciscano, la casa pasaría a propiedad de Esteban Paulín, quien aprovecharía los rumores de tortura y estancias habitacionales de autoridades eclesiásticas como Juan Caballero y Osio, pues fue el mismo quien se hizo de instrumentos de tortura falsos “para provocar temor y morbo en sus invitados”, aseguró la académica, al igual que afirmó el no haber forma de que se hayan utilizado tales instrumentos debido que sí los había únicamente podría ser en la Ciudad de México donde radicaban los únicos jueces inquisidores.

Tiempo después, la casona vino a pertenecer María Luisa Alcocer, quien —con su estancia reservada a invitados externos a la morada y su muerte— se incrementaron los rumores en torno a la construcción de la casa y a un tesoro oculto, apariciones paranormales o el descubrimiento de dos cadáveres “emparedados”; no obstante, para Armas Briz estos rumores quedan en leyendas y sólo incrementan el morbo en torno a la casona.

En relación a la existencia de la orden inquisidora en la entidad Queretana, la historiadora menciona que aunque exista registro de dos casos relacionados a la brujería en Querétaro, esto no representaba un dato exacto debido a que considera que existieron más acusaciones en torno a delitos de distinto índole y no sólo lo referente a la curandería o hechicería, pues menciona que las acusaciones en torno a la bigamia o promiscuidad también eran penadas por la inquisición, los cuales eran considerados delitos menores; sin embargo, acusaciones en torno a la homosexualidad o “sodomía bestial” eran bastante graves.

Actualmente, la vivienda le pertenece a Gerardo Torres Guerrero —según el Registro Público de la Propiedad—; sin embargo, ni con el actual dueño ni el anterior ha existido la intención de apertura pública a la casa para confirmar o desmentir los rumores en torno a la mansión.

No obstante, para la historiadora esto no debe representar preocupación alguna debido al poco sustento documental que tienen los rumores en torno a las prácticas de tortura en el inmueble, aseguró.

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