Lunes, 11 Enero 2021 00:00

Un día de gimnasio en el escenario C

Written by Kevyn Mascott

Da igual el cómo llegan las personas, todos tienen la misma intención, aunque no todos comparten el mismo objetivo.

Meses antes de que el coronavirus fuera conocido mundialmente, para ejercitarse las personas recurrían a espacios abiertos como parques o deportivos, además de otros espacios cerrados como gimnasios. Esto, con el tiempo, fue cambiando. No de una manera lenta, sino drásticamente.

El viernes 20 de marzo de 2020 todos los negocios no esenciales fueron cerrados. Los gimnasios “bajaron la cortina” durante casi cinco meses en Querétaro, para reabrir a finales de julio del año pasado, manteniéndose abiertos al público hasta estos primeros días de 2021, aunque claramente con ciertas restricciones que han variado en últimos meses.

Los autos que llegaban iban al —ya no tan vacío— estacionamiento del gimnasio. Varias personas llegaban continuamente en coches, como una pareja de enamorados que desciende de su vehículo azul. Parece que poniéndose de acuerdo con antelación llegaron uniformados al recinto. Pants negros y una playera deportiva blanca, ambos con un sofisticado cubrebocas negro que resalta sus pálidos rostros. Tomados de la mano se dirigen a la entrada principal.

Por otro lado, tal vez a unos 50 metros, se encamina una mujer con playera rosa fosforescente, pants azules y una mochila negra en la espalda. Su cubreboca es un poco más sencillo que la del par: blanco en su totalidad; un poco más alejado se va deteniendo un camión con la ruta 92 en la parada. De él desciende un joven de 1.80 metros aproximadamente, de tez morena y de complexión delgada. Porta una playera café, shorts y tenis, ambos en color negro. Alrededor de su cuello se encuentran unos grisáceos audífonos de diadema, de donde seguramente está escuchando Eye of tiger como fuente de inspiración.

Da igual el cómo llegan las personas, todos tienen la misma intención, aunque no todos comparten el mismo objetivo.

Se podría pensar que, aun con tantos carros, el interior del gimnasio no estaría tan lleno debido a las vigentes restricciones impuestas por el gobierno estatal desde el 20 de diciembre, cuando el gobernador anunció la entrada en vigor del “Escenario C” —similar al semáforo rojo—, el cual redujo el aforo a los establecimientos cuyas actividades no fueran esenciales; en el caso del gimnasio se redujo al 30 por ciento y cierre a las 17:00 horas. Sorpresa se llevarían algunos al abrirse la angosta puerta principal.

En el pasillo se encontraban en una fila alrededor de siete personas esperando que dieran las 13:45 horas para que se les otorgara la entrada y empezar a entrenar. A todos y cada uno de ellos se les veía motivados, portando una enorme sonrisa en sus rostros, siendo esta opacada por un trozo de tela que se debe portar sí o sí. Al dar la hora, las personas empezaban con su rutina.

Las caminadoras se encontraban ocupadas en su totalidad a pesar de solo algunas estar disponibles. Después de las cenas navideñas y de año nuevo, el principal objetivo de muchos era bajar esos kilos de más comenzando con el cardio; el área de peso libre resaltaba por la gran cantidad de gente que se encontraba en la zona haciendo pesas, aunque poco a poco se iría desocupando a medida que los minutos transcurrían.

Este nuevo año, a pesar de solo haber cambiado de número, representó un gran cambio para algunas personas. Estas se encontraban muy motivadas, tomándose selfis y estableciendo cortas conversaciones con otras personas que iban conociendo en los pasillos. Para algunos el gimnasio es más que un lugar de entrenamiento, más que un lugar para ejercitar el cuerpo.

Los gimnasios son el lugar donde la gente puede desestresarse y relajarse; para otros cuantos es un refugio donde fusionan el cuerpo y alma; otros tantos lo utilizan como el lugar perfecto para establecer nuevas relaciones sociales; cada uno lo usa a su manera. El cuidado propio es bueno, pero con estas medidas se cuida del prójimo también.

“Pronto volveremos a la normalidad”, se piensa. Mientras tanto, los gimnasios siguen operando en un limbo entre “lleno” y “no lleno”, además de concentrar a quienes, con dos toallas, gel antibacterial y cubrebocas, buscan entrenar su cuerpo.

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