Domingo, 21 Junio 2020 18:45

Faltó solidaridad para evitar cierres: exdueños de negocios

Written by Fernando Durán de la Sierra Tovar / Mánelick Cruz Blanco

“La palabra negocio viene de negar el ocio: niegas tu posibilidad de diversión a cambio de tu trabajo, de percibir algún ingreso”, comentó el ahora expropietario de “El Laberinto”.

Ambos pasaban sus jornadas laborales rodeados de tesoros de un pasado aledaño y lejano: uno de creaciones para la vida intelectual y otro de creaciones para la vida material de los humanos, pero se vieron forzados a retirar esos filones de arte de su resguardo: Luis Vega, ahora expropietario de la librería “El Laberinto”, y Marco Gómez, ahora expropietario de “El Desván Bazar”, tuvieron estos negocios más como una vocación que como negocios en sí, durante 5 y 9 años, respectivamente, en la calle Madero del Centro Histórico.

“La palabra negocio viene de negar el ocio: niegas tu posibilidad de diversión a cambio de tu trabajo, de percibir algún ingreso. Y, a lo mejor viéndolo muy romántica e ingenuamente, la profesión de un librero es no verlo como un negocio, justamente porque el ocio es fundamental para la civilización”; describió Luis Vega. Por su parte, Marco Antonio Gómez lamentó: “Me gustaba todo. Es un negocio en el cual uno va creciendo como persona, va uno investigando, cuidando, analizando, revisando (…) Son cosas con más valor histórico que valor monetario”.

Riqueza intelectual

Luis Vega, en medio del vaciado de su local, cuenta entre suspiros cómo, tras el cierre de la vieja tienda del Fondo de Cultura Económica (FCE) “Ricardo Pozas”, él y su socio decidieron emprender en su librería especializada en ediciones de importación aprovechando el conocimiento de la experiencia. “Nunca fue negocio, siempre estuvimos con ganancias mínimas, pero el asunto es que una librería es mucho más de vocación”, y recuerda cómo eran sus amigos quienes les apoyaban cuando tenían que dejar el local para ir a ferias del libro, congresos o coloquios.

La crisis económica no es de ahora, asegura Vega, y el cierre de los negocios en marzo fue la gota que derramó el vaso. La contracción económica tras el cambio de gobierno redujo un mercado que de por sí tiene escasez de lectores y de dinero ante el bajo poder adquisitivo de la sociedad mexicana, según comentó: “Entre la renta y los gastos de operación, de internet, agua, electricidad, telefonía, nuestros gastos eran como de 10 mil pesos”.

En la librería “El Laberinto” podían encontrarse —o encargarse— ejemplares de editoriales de Argentina y España y otros países hispanohablantes que rara vez se encuentran físicamente en México; o nacionales, y ediciones especiales u ‘obras menores’ que son difíciles de ver. Uno podía tener entre sus manos obras de autores de todo el mundo, incluyendo Asia, y de autores emergentes, consagrados o clásicos. Había libros de ciencias, economía, historia, sociología y literatura.

Había, por ejemplo, El Titanic de Joseph Conrad: artículos publicados en 1912 sobre aquél trágico naufragio; o el cancionero de Joy Division Ian Curtis en Cuerpo y Alma; o Desorden Público: una plegaria punk por la libertad, del colectivo ruso feminista Pussy Riot; así como los Cantos Completos de Ezra Pound o El Pájaro Demoniaco y otros relatos del escritor japones Satō Haruo; o bien, H. P. Lovecraft, todos sus relatos con introducción y comentarios de Alan Moore.

Ahora les quedan sus libros y el deseo de “seguir pegados a esto”. Aunque en el espacio físico uno se encuentra en un laberinto de textos y el sueño de hacer crecer el catálogo y tener un espacio para “hacer eventos literarios, presentaciones, círculos de lectura”, se ha sesgado, ahora Vega buscará crear una tienda en línea. “Llegamos a tener un catálogo muy selecto (…) En un mundo que no está funcionando sino a la distancia, pues tendremos que adaptarnos”, asentó.

Un mercado lleno de sorpresas

“Lo comenzamos porque yo tuve que subemplearme y fue una salida para completar los gastos de la casa, en paralelo íbamos descubriendo que es un mercado lleno de sorpresas, uno va buscando piezas y se va encontrando muchas veces con pequeños tesoros que jamás piezas que pasen por tus manos”, comentó Marco Gómez, sobre su labor en la tienda de antigüedades.

A su vez, comentó que la competitividad comercial en Querétaro es intensa y la administración es “muy especial, donde los viejos ya no cabemos. Después de 40 años ya no tenemos cabida, muchos tuvimos que refugiarnos en al paso del tiempo en un negocio, cuando dejamos de ser competitivos en el plano profesional tuvimos que refugiarnos, como fue mi caso”.

En su bazar había artículos de todo tipo: algunos libros, estatuillas, juguetes, discos de vinilo y casetes, relojes y joyería, herramientas, carteles, utensilios de cocina y cristalería, perfumes, muebles; incluso carteritas de cerillos aún útiles de restaurantes y hoteles que tal vez ya no existan. Podías conseguir un despertador Junghans de los años 40, un tren eléctrico de juguete de los años 50 o, si se quería, unos casetes de Quiet Riot, José José o los Jackson 5.

“Mis hijos, por quienes siempre trabajamos y nos esforzamos, ya son profesionistas. Ahora somos mi esposa y yo. Tuvimos que echar mano de algunos ahorros, pero como mis gastos ya son mínimos, pues iremos solventando. Procuraremos incursionar en otros ámbitos, tratar de desarrollar alguna tienda virtual o algo por el estilo”, comentó sobre su situación actual.

Marco Gómez lamentó que las licencias de funcionamiento tienen que ser pagadas anualmente y no se gestionó para un reembolso, además de que “no hubo una respuesta pronta, ni afortunada del gobierno, 4 mil pesos no sirven para nada. Sacaron un programa donde el gobierno quedaba como garante de un crédito que uno tenía que conseguir, ellos pagaban los intereses por un año, ¡pero caramba, eso no es ayuda!”.

Finalmente, comentó: “Este año va a estar muy difícil la situación, aventurarse ahorita a adquirir un compromiso como el rentar un local es muy difícil porque la sociedad está muy golpeada, es un volado perdido. No hay poder adquisitivo. Quizás el año que viene comenzaremos a analizar la posibilidad de rentar un local, ahorita no”.

Sólo una barrida

Escobas nuevas, cubetas, agua, jabón, cubrebocas y caretas se lucieron la soleada mañana del 17 de junio. La tercera jornada de limpieza del Centro Histórico anunciaba la “reapertura” de los negocios no esenciales tras dos meses de clausura por la pandemia mundial. Tanto Salvador Martínez Ortiz, delegado municipal, como Alfonso González, líder de la Asociación de Comerciantes, recorrían ante las cámaras el Andador Madero limpiando el frente de los negocios para clientes que aún brillaban por su ausencia.

En opinión de los dos comerciantes que vieron caer sus negocios, la respuesta de las autoridades y de las asociaciones de comerciantes, así como los “apoyos” que pregonaron, no sólo fueron insuficientes, sino podrían ser contraproducentes. Gómez criticó el apoyo de 4 mil pesos que considera “no sirven para nada” y que, encima, a él no le han depositado pese a haber cumplido los requisitos que se le pedían.

Los créditos en los que el gobierno municipal fungiría como “garante” una parte de los intereses tampoco fue una opción. “Un crédito es endeudarte, y endeudarte en una temporada de incertidumbre no es una buena idea”, sostiene Luis Vega.

También consideran que “faltó solidaridad” de los caseros de los locales y que las autoridades nunca hicieron un llamado a la solidaridad; “faltó que el gobierno dirigiera la crisis”, sostiene Gómez. Al inicio de la reapertura, esos funcionarios y asociaciones convocaron a una limpieza del frente de los locales para llamar a la sociedad a solidarizarse con los negocios que abrirán, pero esta vez El Laberinto y el Desván Bazar no están incluidos.

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