Jueves, 10 Diciembre 2020 12:01

Pirotecnia en Boxasní: luces de fuego que alegran el cielo

Written by María Díaz

“El artesano al hacer esos colores, esas luces que mucha gente ve en el cielo es algo bonito, algo que dices ‘soy artesano’; es artesanía de mi pueblo, de mi comunidad; es bonito ser artesano porque le das alegría al cielo, a las personas”.

Cadereyta, Qro.- “Nos conocen por coheteros, pirotécnicos, más que nada por artesanos porque es un arte hacer el color, las figuras, los castillos; porque todo se trabaja a mano, no utilizamos máquinas ni nada; desde elaborar un tubo de luz, un torito, un cohete, entonces es una artesanía lo que hacemos”, afirmó Efrén Valencia Mendoza, artesano pirotécnico desde hace 13 años en el taller “Piro Fátima”, ubicado en la comunidad de Boxasní, Cadereyta de Montes.

“El artesano al hacer esos colores, esas luces que mucha gente ve en el cielo es algo bonito, algo que dices ‘soy artesano’; es artesanía de mi pueblo, de mi comunidad; es bonito ser artesano porque le das alegría al cielo, a las personas”, aseguró Valencia, oriundo de la comunidad de Villa Progreso, Ezequiel Montes. Luego de concluir sus estudios de preparatoria, entró a la empresa para poder mantenerse y ayudar a su familia.

El lugar está registrado en Hacienda y cuenta con los permisos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) para poder operar, explicó Efrén. Este taller —que ahora es una empresa— da trabajo a 16 personas aproximadamente, pero debido a la contingencia por COVID-19 se recortó el personal, dejando sólo a tres personas, considerándolas por tener familia, ya que de ellos depende el sustento de sus hogares.

Historia del taller

La empresa es Pirotecnia Nuestra Señora de Fátima o Piro Fátima. “Se le puso ese nombre porque son y somos muy devotos a la virgen de Fátima”, relató Efrén. Perfecto González fue quien impulsó el taller hasta consolidarse como empresa. Empezó a trabajar con cohetes, salía a vender al mercado de Cadereyta y Tecozautla, pero no le era muy redituable, así que optó por dejarlo por un tiempo; seis años más tarde entró a trabajar de jarciero y vio que la pirotecnia se vendía. Fue entonces que junto con su esposa Antonia Luna surgió la iniciativa del taller.

Al principio sólo contaban con dos cuartos, pero con el tiempo los hijos del matrimonio levantaron el lugar para continuar con la tradición familiar. Los primeros en tomar la iniciativa fueron José Isabel González y Félix González, quien falleció en un accidente dentro del taller. De ahí se le sumaron sus demás hermanos: José Luis, Perfecto y Roberto González.

Actualmente la empresa tiene una extensión de casi dos hectáreas, con 12 cuartos hechos de láminas de asbesto, pared de block y piso de tierra, con una longitud de doce metros, a una distancia de 10 a 15 metros cada uno; esto —comentó Efrén— para que no tengan reacción, porque si están juntos y se tiene un accidente pueden pasar de uno a otro en cadena. Estas construcciones reciben el nombre de polvorines y en total hay seis destinados a las distintas etapas del proceso de producción.

Proceso de elaboración

Los polvorines se barren y se riegan con agua para que no se levante el polvo y se tenga menos riesgo antes de comenzar a trabajar con un máximo de cuatro o cinco personas. Para elaborar una figura de corazón de un castillo primero se dibuja la silueta en la tierra, se hace un marco de madera y con un molde de aluminio que le llaman “redondel” dibujan el corazón para después levantarlo y ponerlo encima de andamios, para comenzar a amarrar luces, una por una del color que se indique y es ahí que se le da el terminado del corazón.

Las materias primas que más utilizan los artesanos son varias: nitrato de potasio, azufre, clorato de potasio, nitrato varita, nitrato estroncio, aluminio, f200, magnesio y titanio; con esos materiales se pueden elaborar también los colores de las luces para los castillos. Para ello se mezclan estos materiales. Las cantidades que se utilizan dependen de las figuras y de los colores que se desea formar.

Efrén asegura que la elaboración es completamente artesanal tanto por motivos de calidad como de seguridad. Aunque no cuentan con un horario establecido, tienen que cubrir una cierta cantidad de productos, según la demanda. Cada día se elabora un producto distinto, esto para que los trabajadores no se aburran de un solo movimiento, el cuerpo tenga más movilidad y tengan actividades diferentes.

Efrén describe que la expectativa de los clientes es alta respecto a los detalles de las peticiones, y que a pesar del estrés y el riesgo que implica la producción, “cuando ya lo ves que se está quemando y todo lo que tú hiciste está funcionando, te sientes alegre; cuando la gente aplaude es una ilusión que te nace, se siente bonito”.

Aunque también está el otro extremo, cuando las personas no quedan conformes con el resultado, reclaman que no el resultado no fue el esperado. Y es entonces cuando se retan como artesanos, para satisfacer a los clientes y para poder seguir manteniendo a su familia con los ingresos que reciben por desarrollar esta actividad.

Productos

Los productos que trabajan en el taller “Piro Fátima” son chisperos para XV años, toritos, ruedas de mano, bombas, cuetón de trueno, cuetón de luz, castillos, piros musicales “porque la pirotecnia baila al ritmo de la música”, así como las candelas, cajas chinas, bombas y escupidores de papel. Las bombas de trueno son las menos solicitadas pues “esas las utilizan mucho para los difuntos, es como un cohete normal, pero cuando truenan, truenan demasiado recio, es como una despedida que le dan” comenta el artesano.

En cuestión de los castillos, las figuras que más piden son de la virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo, San Isidro y San Francisco para festividades patronales de las comunidades. Durante los meses de noviembre, diciembre y enero se concentra más el trabajo y se trabaja casi las 24 horas del día. “Se pueden hacer hasta 30 o 40 imágenes” añade.

Los costos parten desde 700 pesos, y dependiendo de lo elaborado que resulte el pedido este se eleva. Incluso, es posible considerar elementos para combinar música con luces.

A pesar de la situación derivada por la pandemia, el artesano Efrén planea seguir en este trabajo: “esta contingencia nos acabó por completo, pero como nos gusta el trabajo, nos gusta ser lo que somos, le seguimos hasta que ahora sí Dios diga, nos recoja, pero nosotros ya sabemos el riesgo al que estamos al estar laborando”.

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