Martes, 16 Marzo 2021 00:01

Prepotencia y falta de información: así fue la clausura de un micronegocio en EM

Written by María Díaz

“Pero ustedes también están para apoyar, para avisar, para anunciar”. Por ello, el agente replicó: “es que ese no es nuestro trabajo”. Entonces Olivia con un tono intrigado les preguntó: “entonces, ¿cuál es tu trabajo?.

Ezequiel Montes, Qro.- Todo empezó el 5 de enero de este año, relató Olivia Díaz, comerciante ambulante de plásticos, juguetería y jarcería desde hace más de 10 años; fue en octubre de 2020 cuando pudo consolidar su negocio con un local de plásticos de nombre Tienda Tony, ubicado en la colonia El Milagro en el municipio de Ezequiel Montes. Las esperanza de generar ganancias por la fecha se vieron ensombrecidas por la aparición abrupta de las brigadas de inspección anti-COVID-19.

Ese día Olivia junto con su familia abrió el local como de costumbre, a las 09:00 horas. Recordó que ese día desde temprano había mucha gente por la zona, además de que a un costado del local se encuentra el mercado municipal, que estaba ocupado por puestos de juguetes.

La dueña del local tenía entendido que ese día se les permitiría cerrar a los comerciantes hasta las 10 de la noche, pero no fue así. Alrededor de las 18:30 horas llegaron al negocio autoridades del estado y de salubridad para decirle que tenía que cerrar de inmediato, ya que había mucha gente en la zona. Después de un rato cerraron, ya que había gente comprando aún.

Cuando el reloj marcó las 21:00 horas ya no había gente por aquellas calles; alguna que otra pasaba por ahí, pero sólo iban de paso. En ese momento Olivia ya tenía completamente cerrado su local, pero ante la insistencia de las personas por no alcanzar juguetes, le seguían tocando, insistiendo que les abriera para que les vendiera, a lo que Olivia les respondía que ya no podía, pero como algunos clientes insistían; se quedó con tres clientes solamente, para atenderlos.

Poco después volvieron a tocar la puerta, Olivia mandó a su hijo a abrir para que avisara que ya no le iba a vender a nadie, pero se llevó la sorpresa de que en realidad eran las autoridades.

A lo que ellos le dijeron que estaba incumpliendo con el reglamento y las normas de acuerdo con el protocolo que se debe seguir por la pandemia de COVID-19. Con un tono poco amable, dijeron también que se iban directamente a una sanción. Ante tal actitud por parte de ellos, Olivia pidió que la trataran con respeto, ellos se molestaron y soló le dijeron, “aténgase a las consecuencias”. Pero Olivia les reiteró: “No me amenace, porque como personas morales, merecemos un respeto, yo entiendo que a ustedes los mandaron, y sí a lo mejor si es un error mío”. Posterior a esa conversación se fueron muy molestos.

Al día siguiente, 6 de enero, Olivia abrió nuevamente como de costumbre, durante el transcurso del día casi no había movimiento, ya que el punto cúspide de venta fue el 5 de enero.

A las 17:20 horas el local seguía abierto, pero llegaron tres patrullas, protección civil, y un coche blanco del estado; se estacionaron a fuera, y todos entraron muy prepotentes al local: “así como de película, se pararon todos aquí como si estuvieran atrapando a unos delincuentes”, describió Olivia. Las autoridades pidieron hablar con el dueño del establecimiento, pues tenían que informarle que era acreedor a una sanción y que por lo tanto el lugar se tenía que suspender.

Tal actitud para Olivia se le hizo una injusticia, pues llegaron muy exigentes a pedir cuentas. Como la señora de momento no supo cómo actuar, unos instantes después se baja de una patrulla una policía y le dice a un compañero de Protección Civil que ya estaban adentro del negocio: “así está bien compañero o van a necesitar refuerzos. A lo que la Olivia recordó como algo amargo y añadió, “o sea, yo no soy una delincuente”.

Un miembro de Protección Civil reclamó que su responsabilidad era fijarse de los anuncios publicados en su página de Facebook, a lo que Olivia respondió: “pero ustedes también están para apoyar, para avisar, para anunciar”. Por ello, el agente replicó: “es que ese no es nuestro trabajo”. Entonces Olivia con un tono intrigado les preguntó: “entonces, ¿cuál es tu trabajo?, tú que estás, por y para apoyo de los ciudadanos ¿cuál es tu trabajo?, quiero saber”.

Nadie contestó, el silencio se apoderó de la escena unos instantes. El hombre sólo aseveró: “Ese no es mi trabajo, para eso está la página”. Olivia ya más enojada, le dijo: “Ah cabrón, ¿y apoco todos cuentan con el servicio de celular, todos cuentan con internet?”

“Sientes una impotencia porque no puedes gritarles lo que sientes en ese momento, entonces te frustras; cómo es posible que traten así, si no estás robando” añadió Olivia. Las autoridades levantaron el acta por exceder el horario y por no contar con los señalamientos para promover la sana distancia y cuidado que deben tener los negocios. Pero Olivia aseguró que sí tenía la mayoría de estos, incluidos gel antibacterial y tapetes.

Esta situación la pone en contraste con lo que pasa en la ciudad de México: “yo fui para allá como una semana antes del Día de Reyes para traer mercancía. En las tiendas no hay sana distancia, no tienen ni los letreros que me exigieron a mí, allá no hay nada de eso. Todo está lleno, los policías están afuera de los centros comerciales y tiendas y no hacen nada”.

Otra cuestión que manifestó fue que, con los negocios localizados lejos de la cabecera municipal, las autoridades no se ponen exigentes y no van hasta esas zonas a revisar.

Las autoridades ahí reunidas le dijeron que tenía firmar unos documentos, pero ella no lo hizo, pues asegura que ella no puede firmar algo que desconoce y no ha leído. Entonces ellos procedieron a llenar los papeles, donde se le registró que no contaba en el local con medidas de prevención. Un agente de protección civil comenzó a tomar fotos de todo el lugar. Posterior a ello, les dijeron que se tenían que salir, y pegaron los sellos de suspensión en las cortinas del establecimiento.

Estoy indignada por cómo me trataron, como si hubiera matado a alguien en la tienda. No tienen ese modo para tratar a uno como ciudadano”, añadió, pues tal conducta Olivia la percibió como algo no de manera institucional, sino como forma personal. Mientras ellos pegaban los sellos, todavía estuvieron largo tiempo afuera, riéndose del cometido.

Olivia no sabía qué hacer; las autoridades no les informaron qué procedía después o a que estancia acudir para solucionar la situación. Al siguiente día, 7 de enero, ella junto con su esposo se dirigieron a las oficinas de protección civil municipal para saber qué seguía, pero les dijeron que ellos ya no tenían nada que ver ahí, ya que como los del estado levantaron el acta, a ellos les correspondía. Sólo comentaron que fueran a las oficinas de jurisdicción sanitaria ubicadas en el municipio de Cadereyta. De inmediato ellos se dirigieron para allá. En las oficinas les reiteraron el porqué de la suspensión del negocio, y lo que debían tener en regla.

El establecimiento estuvo cerrado jueves, viernes, sábado y domingo. Como arreglaron casi en seguida lo que se les señaló, alrededor de las 13:00 horas de la tarde llevaron nuevamente los papeles a las oficinas de la jurisdicción, pero los secretarios les dijeron que su caso procedía hasta el lunes, ya que como ellos cierran a las 3 de la tarde; sábado y domingo no trabajan, por ello debían esperar hasta el lunes. “No es posible que en estas cuestiones el servicio esté tan lento. Estaba angustiada, mis clientes me hablaban, mis proveedores, y yo dije ‘qué voy a hacer’, luego los gastos son del diario, esos no esperan”, lamentó Olivia.

Para el lunes, su esposo fue desde muy temprano a las oficinas, para poder hablar con el encargado de la jurisdicción y comentarle la situación a él, ya que los que le clausuraron y recibieron los documentos fueron sus secretarios. Le preguntó qué procedía y si podían continuar con sus labores. El jefe de la jurisdicción le dio luz verde, y dijo que podían abrir bajo la condición que tenían que firmar unos papeles que faltaban para el proceso.

Ellos abrieron ese mismo día; posterior a ello, recibieron al menos cuatro visitas por parte de la institución, para que el esposo de Olivia continuará firmando papeles para el proceso, al mismo tiempo que revisaban que todo estuviera en orden. Pero hasta la fecha, relató Olivia que desconoce qué sucedió, ya que en la última visita sólo les dijeron que guardaran sus documentos para futuras aclaraciones y nada más.

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