Lunes, 25 Enero 2021 14:21

La educación básica en México y el culto a la subjetividad

Written by Luis Oscar Gaeta Durán*

No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia

Carlos Marx

Las políticas neoliberales que se implementan en la educación pública —disimuladas como “reformas educativas”— no sólo determinan las condiciones profesionales y normativas que los trabajadores de la educación deben acatar sino que, además, tienen repercusiones pedagógicas en los sistemas escolares.

En ese sentido —desde los años 90s hasta la actualidad—, la educación básica en México ha sufrido constantes cambios; tales como alteraciones en las relaciones laborales del magisterio y la inclusión de enfoques y metodologías de trabajo didáctico que se ordenan para la formación de los estudiantes.

Así, a partir de la «psicologización de la enseñanza» —con la inclusión del constructivismo—, la instrucción en nuestro país convirtió al estudiante en el centro del “aparato escolar” (“paidocentrismo”); es decir, se posicionó a niñas, niños y adolescentes en el núcleo del sistema educativo mexicano.

De igual manera, al incorporar el “enfoque por competencias” y —junto con ello— la metodología del “Trabajo por Proyectos”, se puso en marcha un maremágnum de técnicas y formas de enseñanza que orientaron la educación hacia el “culto a la subjetividad”; es decir, se estableció un “totalitarismo del Yo”.

Ahora, con la reciente integración de la “Educación socioemocional”, el nuevo “absolutismo pedagógico” hace evidente la “adoración a la personalidad” y pierde importancia el “conocimiento”, pues los afectos y las emociones se tornan más trascendentes en comparación con el “saber” y la “disciplina”—-necesarios para “aprender” o, en su caso, para “enseñar”—.

Por tanto, el “subjetivismo” se posiciona por encima del razonamiento lógico y se atiende; con primacía, la condición afectiva de los educandos, supeditando el conocimiento a los “estados de ánimo” de los estudiantes; así, las clases, los debates y discusiones son sustituidos por charlas y pláticas motivacionales, amenas y sustentadas en las opiniones individuales que los sujetos consideran como válidas.

Con ello, el “relativismo escolar” se convierte en un fenómeno que se percibe en la educación básica como resultado de las políticas y “metodologías subjetivistas” que la escuela adoptó para salvarse —según los discursos oficialistas—, de las “malas” prácticas pedagógicas de la “enseñanza tradicional” —pues las consideran arcaicas y represivas—.

Utilizando de sustento la “educación integral” y —con ella— una formación basada en los preceptos de la libertad, igualdad y la democracia, se posicionó al «individuo» como punto de referencia para centrar en él toda la atención, sustituyendo el papel del maestro como referente primordial para la enseñanza y el aprendizaje —convirtieron al profesor en mediador, guía o facilitador—.

Aún, en el periodo de Esteban Moctezuma Barragán (EMB) como secretario de educación, se percibió —en algunos de sus discursos—, la idea de colocar a los niños y jóvenes en el centro del sistema educativo, noción que no escapa al tema que aquí se discute y que, además, permite entender lo que ocurre en nuestro aparato escolar mexicano.

Por otro lado, con el fenómeno del culto a la subjetividad, la escuela sufre un “vaciamiento” que se refleja en una notable disminución del contenido académico en la enseñanza y, como resultado de ello, la proliferación de la ignorancia se hace presente, pues ya no importa enseñar o aprender sino ofrecer un ambiente ameno que garantice una “escuela feliz”.

La “verdad” y la “objetividad” pierden terreno en el ámbito escolar y los “prejuicios” parecen ir a la vanguardia en la formación de los estudiantes, así la “escuela neoliberal” no sólo reproduce la ideología dominante y las relaciones de producción, sino, además, se encarga de “alinear” a maestros y educandos.

 

*Profesor de educación primaria en Querétaro

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