Lunes, 08 Marzo 2021 00:00

Conciencia de cuenca

Written by Claudia Romero

La ciudad de Querétaro está en su cuenca, aunque el pavimento con tránsito vehicular nos impida muchas veces estar conscientes de ello.

Las funciones de la cuenca tocan desde la regulación climática, la fertilidad de los suelos, el almacenamiento de agua dulce y la calidad del aire, hasta la interacción social, la provisión de bienestar en forma de esparcimiento, recreación, estímulo estético o espiritual.

La cuenca se forma por un conjunto de superficie terrestre cuyas aguas fluyen hacia un mismo cuerpo. Un río, por ejemplo, o un lago.

Si lo pensamos, hablar de ciudad-cuenca sería más realista que el arquetipo citadino de un entorno plano ataviado de concreto, en donde las experiencias de naturaleza “se quedan afuera”: en el campo.

La ciudad de Querétaro está en su cuenca, aunque el pavimento con tránsito vehicular nos impida muchas veces estar conscientes de ello. Podemos percibir su estructura cuando andamos o pedaleamos las pendientes por toda la urbe o vemos el agua que escurre formar arroyos artificiales en las colonias altas e inundar las colonias bajas.

En el mes del agua, donde solemos pensar a ésta como el líquido del que un porcentaje de la población carece, representado visualmente por la llave que llena un vaso para el consumo humano, pensar al agua desde la cuenca puede darnos pistas para atender de una manera más útil para comprender y atender la crisis hídrica.

El agua de la cuenca, en su interacción con vegetación y con suelo, conecta toda la cadena de procesos que desencadenan la vida. La producción de alimentos cultivados con agua, la regulación térmica que hace un microclima habitable, el sostén de ecosistemas que a su vez sostienen especies diversas, asegurando funciones de conectividad y transmisión de nutrientes. La infiltración del agua en el subsuelo que previene hundimientos y asegura abastecimiento para el futuro.

Al mismo tiempo, tales procesos se relacionan directamente con derechos humanos cuyas precondiciones resultan interdependientes. El derecho a la alimentación, a la salud, al agua, a la ciudad, o a un medio ambiente sano. ¿Cómo asegurar agua potable en cantidad y calidad suficiente sin los ecosistemas donde naturalmente se recarga y almacena? ¿Cómo asegurar la soberanía alimentaria desde suelos erosionados? ¿O la conservación de los ecosistemas aptos para la vida sin agua? Ni hablar de la salud. El último año nos ha venido a dejar claro que el deterioro de la salud planetaria es el de la salud humana.

Una ciudad que mira al agua desagregada en múltiples problemas (contaminación, escasez, cambio climático), que parecen inconexos y se discuten en foros separados, es una ciudad que ha olvidado que sus problemas de escasez empezaron en condiciones -todavía reversibles- de contaminación, sobreexplotación e impermeabilización.

Abstraer el agua a un problema “de consumo” que se soluciona con más tubería, más volumen y más desagües, resulta en la incapacidad de conservar los valores diversos del agua, mientras el descuido de una misma agua en todas sus formas sigue deteriorando progresivamente en la cuenca la base para la calidad de vida.

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