Martes, 20 Octubre 2020 07:52

Coaching pedagógico y educación de las emociones: el discurso de la alienación en la educación básica en México

Written by Luis Oscar Gaeta Durán

El llamado coaching pedagógico se ha convertido en un elemento constitutivo de los sistemas escolares en muchas partes del mundo, nuestro país no es la excepción. Para ello, se utiliza un discurso lleno de ánimo y de buenas vibras que, más allá de la retórica hueca y engañosa, tiende a direccionar a la escuela pública hacia una forma distinta de alienación educativa.

El coaching, por su cuenta, no es más que una actividad del mundo empresarial que tiene como propósito, “entrenar” a los empleados para que éstos alcancen los objetivos y las metas que la empresa solicita. Así, haciendo uso de la emotividad, se emplea una estrategia persuasiva y de optimismo para garantizar la sujeción de los obreros y, por supuesto, la acumulación de ganancias.

De esta manera, aquellos trabajadores que fueron capacitados deberán —a su vez— preparar a otros para que ambos compartan los mismos fines y principios que la compañía exige. Para lograrlo, se hace uso exacerbado de las emociones con la finalidad de convencer y adaptar a los empleados al ambiente de la competitividad mercantil.

Una vez que el personal ha caído en la trampa del coaching, se le incluye en el “equipo” de trabajo y no le queda otra opción más que acoplarse a sus paupérrimas condiciones laborales que se basan, entre otras cosas, en empleos inestables o temporales, percepción de bajos sueldos, jornadas extenuantes, estrés laboral y subcontratación.

Algo similar sucede en la educación, tal como ocurre en la empresa, el coaching pedagógico debe amoldar a docentes y a estudiantes bajo los estándares de actitud y de comportamiento del marketing educativo. Por esa razón, se requiere “formar” a los maestros con un discurso motivador y encaminado a construir una escuela que se sustente en los ideales del “éxito” y la “felicidad”.

A propósito, en los Consejos Técnicos Escolares (CTE) para la educación básica, se sugiere a los profesores —por ejemplo— actividades que consisten en visualizar videos que contienen temas relacionados con el liderazgo, el autocuidado, la educación y gestión de las emociones, la innovación y la empatía. Junto con estas, la ejecución de actividades físicas, como las llamadas “pausas activas”, que no son más que estrategias “amenas” y “dinámicas”, complementan el ámbito emocional del “training” docente.

De igual modo, en las guías que la Secretaría de Educación Pública (SEP) envía a los educadores para llevar a cabo los CTE, se encuentran términos que tienen poca relación con la teoría pedagógica y que, más bien, forman parte de la jerga empresarial; por ejemplo, es frecuente observar conceptos como los siguientes: innovación, área de oportunidad, generosidad, autonomía, fortaleza, debilidad, flexibilidad, retroalimentación, planificación y gestión.

Asimismo, la inclusión del “trabajo por proyectos” y la “educación por competencias” en la educación básica, no son más que artilugios didácticos que se asemejan al coaching: dar libertad al alumno para “emprender” nuevas formas de aprendizaje, fomentar el trabajo colaborativo, resolver problemas en equipo, afrontar y superar los “retos” juntos, comunicar antes que cuestionar o criticar, ser empáticos y tolerantes.

Esto, se complementa con la ejecución e inclusión de nuevos enfoques o asignaturas que ajustan el lenguaje y las prácticas escolares al argot de la gestión emocional. Tal es el caso de la asignatura de matemáticas, cuyo enfoque didáctico hace referencia al desarrollo del pensamiento a través de “retos”. Curiosamente, el libro de texto para dicha materia, lleva por nombre “Desafíos matemáticos” y, con ello, se desplaza el rigor que la disciplina exige en su orientación científica y racional.

Sin embargo, dicha situación no es más que el “canto de sirenas” que se utiliza como herramienta persuasiva para implementar una política educativa que, de manera velada y manipuladora, se aleja cada vez más de los verdaderos problemas educativos de nuestro país. Problemas que se olvidan a causa de dar más énfasis al desarrollo de las competencias emocionales que a la identificación, estudio, comprensión y reflexión de las dificultades que atraviesa el sistema educativo mexicano actualmente.

Así pues, no es casual que hoy por hoy, en preescolar, primaria y secundaria, se dé prioridad a los temas relacionados con la inteligencia emocional o a la llamada educación socioemocional. Tal como sucede en el coaching, los profesores (coaches) tienen la encomienda de amoldar a sus estudiantes a las condiciones del trabajo en equipo, el autoconocimiento, el desarrollo personal y la educación de las emociones.

Así, en lugar de preparar a los pedagogos con los principios de la teoría de la educación, la filosofía de la educación y la psicopedagogía; la orientación que la SEP lleva a cabo para la capacitación docente, se asemeja más a las prácticas que la empresa ejecuta para mejorar la eficacia laboral que requiere el mercado neoliberal. Con el pretexto de aprovechar al máximo las capacidades del magisterio, se pide a los docentes que asuman una “visión transformadora” de la tarea educativa.

Hasta aquí, el panorama antes planteado exige, con mayor rigor, cuestionar el camino que sigue la educación pública bajo la influencia del coaching. Para ello, surgen las siguientes interrogantes: ¿Qué oculta el discurso de la motivación y la exaltación de las emociones en la educación? ¿por qué se promueve el sentimentalismo por encima de la instrucción y el pensamiento crítico? ¿qué tipo de hombre o de mujer se quiere formar con el enfoque de la motivación y el optimismo escolar?

Si bien, las preguntas anteriores invitan a la reflexión, es preciso señalar que dichos cuestionamientos deben interpelar, prioritariamente, a todos aquellos que están inmersos en el campo de la enseñanza, es decir, a las maestras y a los maestros; pues sólo ellos tienen la capacidad práctica y organizativa para combatir, desde el interior de las escuelas, dedes las aulas y del propio gremio, el enfoque mercantil que se da a la educación.

Sin importar qué tan difícil y ardua sea la tarea para liberar a la escuela pública de las garras del sector empresarial y del mundo de los negocios, la faena de la rebelión pedagógica es la única arma que tienen los profesores para superar la embestida que se ejecuta en contra de la educación. Asimismo, la pedagogía crítica puede convertirse en una herramienta que permita a los docentes iniciar el proceso de liberación educativa.

Pero, hasta el momento, parece que aún no ha quedado claro cómo es que el coaching pedagógico y la educación emocional, se entrelazan para desviar la tarea social y formativa de la escuela hacia los intereses del mercado o, por decirlo de otra manera, cómo funciona el discurso del optimismo en la alienación educativa. Para ello, es necesario voltear la mirada hacia el terreno comercial y poner atención en las estrategias que se utilizan para presentar las mercancías.

El mundo de los negocios junto con la sociedad de consumo marca la pauta en la exaltación de las emociones. Para que los productos sean comprados, se necesita atribuir a éstos, propiedades mágicas, es decir, fetichizarlos —tal como decía Marx—. El fetichismo que hoy se percibe, consiste en la excitación de las emociones para que el comprador en potencia, consuma y se convierta en comprador en acto.

En otras palabras, no sólo se adquirieren objetos sino, también, emociones. La sociedad capitalista ha convertido a las mercancías físicas en mercancías emocionales. Ahora, no basta con establecer una relación económica entre el sujeto (comprador) y el objeto (mercancía). A estos dos elementos, se le incluye un componente más y es de carácter psicológico: la emoción.

Por tanto, se pretende que las escuelas adapten a los estudiantes a las exigencias y necesidades que el modo de producción requiere. Por un lado, se forma a los escolares para su inclusión al mundo laboral y, junto con ello, se les educa para ser consumidores-compradores. Es aquí donde las emociones desempeñan un papel fundamental, ya que, sin ellas, el hombre-consumidor no apetecería ni desearía los objetos que se le presentan.

Al exaltar los apetitos emocionales y entrenar la parte afectiva de los individuos, no sólo se inhibe su capacidad crítica sino que, además, se les prepara para su participación en la producción y en la adquisición de mercancías. De esta manera, la educación de las emociones y el coaching pedagógico sirven a los intereses empresariales como herramientas que fomentan un espíritu de consumo.

En suma, el coaching pedagógico, en complicidad con el mercado capitalista, no son más que una forma de alienar a los estudiantes. Por encima de la instrucción, la motivación y el optimismo desempeñan un papel determinante en la enajenación que hoy se promueve en la educación básica. La objetivación de los escolares y su relación con la sociedad de consumo es parte del coaching educativo.

Dicho enajenamiento emocional imposibilita a los educandos para percibir, interpretar y transformar las condiciones históricas y sociales del momento en que viven. Guiados por los afectos, y no por la teoría y las circunstancias objetivas y materiales que la realidad les proporciona, los estudiantes sólo se rigen por sus estados de ánimo y sus deseos individualistas y altamente subjetivos que la afectividad y el sentimentalismo les alimentan.

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