Lunes, 23 Noviembre 2020 03:46

La teoría del shock y los negocios de la industria farmacéutica: H1N1, SARS y COVID-19

Written by Joaquín Antonio Quiroz Carranza

Ya la lista de especialistas y científicos no sometidos a los intereses hegemónicos ha comenzado a crecer, para desmitificar inclusive a la Organización Mundial de la Salud.

Como lo ha señalado, desde hace décadas el filósofo Noam Chomsky, el papel de los medios masivos no es informar, sino moldear el pensamiento y el comportamiento humano de acuerdo a los intereses económicos de las grandes corporaciones trasnacionales. La televisión, la radio, la prensa impresa y las redes sociales, sometidas y chayoteras, llenan los espacios informativos de mentiras hasta convertirlas en verdades absolutas.

Ya la lista de especialistas y científicos no sometidos a los intereses hegemónicos ha comenzado a crecer, para desmitificar inclusive a la Organización Mundial de la Salud y a quienes por omisión o por comisión cayeron en el juego económico de la industria que domina y controla económicamente al mundo: la farmacéutica.

A quienes, por mantener una posición de pensamiento crítico, se señaló con desdén o incluso como irresponsables, hoy poco a poco se les empieza a mirar como al niño en El cuento del Rey desnudo, donde unos ladronzuelos engañaron al Rey, y éste a su pueblo, diciendo que sólo los inteligentes podían ver el vestido de oro del Rey, hasta que un niño, limpio de espíritu, advirtió “el Rey está desnudo”, y ese grito en soledad, conmovió, he hizo que el pueblo observará la realidad, para entonces los ladronzuelos habían escapado con su botín.

La metáfora del cuento, brevemente narrado en el párrafo anterior, coincide plenamente con la realidad actual. La industria farmacéutica paga y corrompe científicos, especialistas de todas las ramas, controla y financia medios informativos, mismos que engañan a gobiernos. El engaño, la histeria, el miedo y el terror se vuelven pandémicos porque nadie puede ver, a simple vista, un virus, todos tienen que creer, como acto religioso, a las instituciones controladas por la industria farmacéutica.

Hoy nuevamente debe resonar en todos los rincones del mundo aquella frase de Salvador Allende “mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Hoy ya es urgente, debemos renacer, reconocer los destrozos, la falta de ética, la inmoralidad de una falsa humanidad. Hoy, ya, debemos reconstruir lo humano, dejar el miedo, el odio, el rencor, las falsas expectativas, el desenfreno consumista.

Basta un somero vistazo a los datos estadísticos mundiales de muertes y sus causas, y en los primeros lugares están las gastrointestinales, provocadas por la pobreza; el suicidio, generado por la falta de oportunidades, luego están las causadas por afecciones denominadas crónico-degenerativas como la diabetes, el colesterol, la hipertensión, todas ellas derivadas de un estilo de vida y comportamiento irresponsable: mala alimentación, hacinamiento, ignorancia y una vida llena de palabras, pensamientos y obras negativas, cuyo origen es el odio, el rencor, el desamor, para sí mismo y para los demás. Y casi al final de la lista, están las muertes por enfermedades respiratorias como el H1N1, SARS o COVID-19.

A lo largo de más de 100 años la industria farmacéutica, propiedad de las familias Rockefeller, Bush y otras, han sembrado miedo para cosechar riqueza. Miedo a la enfermedad, sin explicar que el origen de toda afección está en el comportamiento emocional de los individuos. Miedo a las carencias, sin advertir que el trabajo, por sí mismo enferma y más cuando se torna adictivo. Miedo a la incertidumbre, haciendo olvidar las palabras de Jesús cuando señalo “donde está tu tesoro estará tu corazón”.

Hoy, la pandemia es el miedo, no el virus. Hoy, la cura es la enfermedad. Hoy, la solución está en el amor y el entendimiento. Hoy, haciendo caso a las abuelitas, sobre las medidas de higiene básicas, estamos más que listos. Hoy, hace falta reconstruirnos desde adentro, recuperar la solidaridad, la comprensión y el perdón. Perder el miedo a la muerte, es la clave para que, los seres humanos, seamos libres.

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