Lunes, 07 Diciembre 2020 13:19

Un tour por los nuevos barrios

Written by David Álvarez

Para cuando lean esto será “la semana pasada”, pero fue ayer —tomando en cuenta el día en que escribo la columna—. No hay nada como salir de paseo y recorrer las calles del viejo barrio, de las decenas de colonias y fraccionamientos, y aún ir más allá.

Primero fuimos a Hércules a comer tacos de canasta con pilón incluido. Recorrimos de nueva cuenta hacia Satélite y accedimos por el nuevo puente de Prolongación Bernardo Quintana.

Fue mi primera vez, y como todas esperaba más de lo que pensé que sería. Pero es mi culpa generar expectativas por un pinche puente en el mismo lugar que siempre he recorrido. Y es que eso es lo que llamó mi atención: ¿cómo se verá el lugar que siempre recorro desde otra perspectiva? Se me olvida que las ciudades son todas iguales y que lo grises o rojizos de los techos no marca diferencias, pero lo hice. Luego entonces exclamé, como buen adulto joven, que recordaba cuando todo eso era puro baldío. Así comenzó la travesía.

Fuimos a Mompaní por algo de tomar. Sí, en lunes; sí, a las 12:00 horas, y sí, nos vale madre. Tomamos varias cervezas y nos detuvimos en un lago para luego ir de regreso, no sin antes pasar por las nuevas colonias, esas que ya había visto por encima y que nunca había conocido. Mi compañero trabaja temporalmente de chófer en DiDi y me platicó de lo que ha visto ahí. Pasamos por condominios y colonias tipo la 10 de abril o Ciudad del Sol, y nombres que no conocía y otros tantos que sí como Loarca.

La ciudad crece y no nos damos cuenta debido a la centralidad típica de las urbes. El centro histórico es la medida entre lo “cercano” y “lejano”, y digamos que estábamos demasiado lejos. Cúmulos de edificios y fraccionamientos; casas tan pequeñas repletas de cinco, seis o siete personas entre niños y adultos amontonados en la periferia de la periferia de la ciudad.

Nosotros crecimos en “lo lejano”. Las colonias como El Rocío, Sauces o el Tintero tienen cerca de cuarenta años y alrededor de cuatro generaciones con sus propias historias. Estas nuevas alrededor de quince y probablemente una o dos generaciones han labrado las suyas. La verdad las desconozco.

Mi implicación territorial se limita hacia el Cerrito Colorado y lo demás, como Villas de San Miguel, me tocó entrado a los veinte años y de manera superficial. Ahora las fronteras se recorren aún más y es difícil conocer las dinámicas propias de eso. Pero reitero, hay un chingo de condominios. Condominios y casas de interés social. Pocas escuelas y pésimo acceso al transporte público. Empleados y obreros condenados a la distancia como catástrofe y cotidianidad. Y Oxxos y locales de pollo rostizado. Algo de graffiti, cocheras y patios repletos de ropa tendida. Más Oxxos y ferreterías. Tacos, y allá a lo lejos solo más de lo mismo. ¿Ya dije condominios? Sí, ya.

De regreso, por Avenida de las Fuentes, llegamos al cruce con Avenida de la Luz. La escuela secundaria 22 a un costado nos hizo sentir en casa, aunque realmente nunca salimos de ahí. Un poco tomados y con ganas de dormir luego del viaje, de recorrer calles por las que seguramente no volveré a transitar seguramente. Pero que sabes que existen, que hay otros Querétaros que se extienden. Que se nota cuando el transporte público está repleto por la mañana desde que inicia su curso, o al llover y que el agua que se estancaba en terrenos ahora convertidos en fraccionamientos inundan lo que no se inundaba antes. De mandarnos a todos cada vez más allá y hacer de eso un espacio más “acá”, porque la calle es de quien la recorre. Y me pregunto: ¿qué historias habrá en estos nuevos barrios?        

Facebook: David Álvarez (Saltapatrás)

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