Lunes, 07 Diciembre 2020 14:10

El fuero presidencial y la construcción simbólica de las autoridades

Written by Alonos V. Moyers

La diferencia fundamental entre cualquier autoridad y la ciudadanía común es simbólica; por lo tanto, jurídica: un uniforme, un nombramiento, respaldados por otros símbolos y rituales (como la toma de posesión). Aunque resulte obvio señalarlo, los hombres y mujeres de poder no tienen por sí mismos características físicas que los separen del resto. Desde luego los habrá más guapos y más inteligentes o débiles, y aunque esas características pueden confeccionar la personalidad de un líder, no son las que les construyen socialmente como presidente, juez o policía. Por lo mismo, gozan de una protección jurídica distinta.

Desde luego, no hay nada obvio y siempre existen tensiones sobre hasta dónde debe alcanzar esa protección, y por qué motivos. Esas tensiones, se inscriben en debates políticos.

El nuevo gobierno se ha esforzado mucho —al menos discursivamente— por señalar y, en algunos casos, borrar algunas de las diferencias más evidentes entre ciudadanos y gobernantes características de gobiernos anteriores. Ahí está el acento en la austeridad, por ejemplo.

Suele pensarse que esas diferencias son inmerecidas (no me refiero a los sueldos), y que en su conjunto cimentaron un régimen corrupto, disfuncional y simulador. Por lo tanto, la solución es quitarlas. Es interesante porque buena parte del debate público está ahí; también del lado de los opositores que, a veces con argumentos burdos, se lamentan de la falta de sofisticación del presidente o critican los vestidos de su esposa, recordando al pasado inmediato.

Del lado del gobierno, además de simbolizarse como lo contrario a esa opulencia —que en buena medida sí ha sido insultante—, se cometen excesos que pueden ser redituables políticamente, aunque riesgosos.

Hace un par de semanas, el Senado aprobó la eliminación del fuero para el presidente de la República. En realidad, subsiste un procedimiento especial, aunque se amplía el catálogo de delitos por el que se les podrá juzgar. Lo que importa es la idea: el fuero es un instrumento de impunidad; según Jesús Ramírez Cuéllar, eliminarlo significa terminar con la presidencia imperial.

Sin embargo, el fuero no es, por sí mismo, un instrumento de impunidad. Se trata de una protección política sujeto a temporalidad (lo que dure el encargo). Y puede tener algún vínculo con la impunidad, como lo tienen muchas cosas. Pero no es una figura que la busque o promueva.

Vayamos al 2005, por ejemplo. El entonces Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, fue acusado de desobedecer una suspensión provisional dictada por un juez de distrito. La protección constitucional le permitió hacer una defensa política, como correspondía.

Detrás de toda reforma, hay también, expectativa de futuro. En el caso, parece inscribirse en la construcción de la nueva clase política, que no tiene mucho de nueva, en realidad. O la nueva ética pública, aunque tampoco se vislumbra un cambio sustancial en las prácticas, que es lo que importa.

Por otro lado, si el futuro se dibuja a partir del no volverán -como si ya se hubieran ido-, habrá que recordar experiencias recientes; Lula da Silva, por ejemplo.

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