Lunes, 07 Diciembre 2020 14:26

Etiopía. Hambruna y violencia

Written by Kevyn Simon Delgado

Etiopía cae en un círculo de violencia y el mundo voltea a otro lado, como es costumbre cuando un país africano es golpeado por la guerra. Claro, la pandemia no ayuda y las reiteradas ocasiones en las que Etiopía se encuentra en la lona posiblemente nos haya habituado a escuchar puras referencias negativas de dicho lugar y a dar por hecho que eso, allá, es normal.

El pasado 24 de noviembre se dio a conocer un informe preliminar de la Comisión de Derechos Humanos etíope (EHRC) —independiente pero cuyo director es nombrado por el gobierno—, señalando a una milicia autonombrada como el Frente de Liberación Popular de Tigré, así como a las fuerzas de seguridad locales, de cometer una “carnicería” el 9 de noviembre contra trabajadores temporales agrícolas que no pertenecían a la etnia local (en el país hay más de una docena de etnias, cada una con su idioma) y que habría dejado al menos 600 muertos, aunque todavía hay muchas personas desaparecidas, por lo que la cifra podría aumentar.

“Durante toda la noche” —según los testimonios recabados— los asesinaron con garrotes, cuchillos, machetes o hachas, o los “estrangularon con cuerdas”, saqueando y destruyéndo todo. Tales hechos “podrían constituir crímenes de lesa humanidad y de guerra”. El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado una reunión para dar tratamiento a la situación en Etiopía. Algo tarde, quizá, pero ya acordaron enviar ayuda humanitaria.

Ubicada en el Cuerno de África, los antecedentes históricos de Etiopía se remontan hasta la antigüedad, como un pueblo citado por Homero. Distintos reinos pasaron por sus tierras, hasta que en el 1270 se formó el Imperio etíope o Abisinia. Fue un punto de avanzada y resistencia del cristianismo frente a las múltiples creencias religiosas del lugar y el poderoso Islam.

La dinastía se sostuvo hasta mediados del siglo XX, más que cualquier símil de Europa. Su último monarca fue Haile Selassie, a cuya coronación en 1931 asistió nada menos que Plutarco Elías Calles. Etiopía es el único país africano que puede presumir el nunca haber sido colonizado por una potencia europea, aunque fue ocupada por la Italia de Mussolini de 1936 a 1941, momento durante el cual Lázaro Cárdenas les envió armas para defenderse.

Derrotados los fascistas, Etiopía recupera su independencia y Selassie su trono, en el que se mantuvo hasta 1974 cuando fue derrocado —encarcelado y fallecido en condiciones dudosas— por una revolución promovida por grupos de izquierda y miembros del Ejército, quienes asumieron el poder con una Junta Militar comunista hasta la formación de la República Democrática Popular de Etiopía en 1987.

Dicha junta buscó transformar el régimen de tipo feudal en el que la dinastía y la Iglesia ortodoxa etíope eran terratenientes absolutos, manteniendo en la extrema pobreza y la hambruna a amplios sectores del campesinado.

Con nacionalizaciones, socialización de la economía, reparto agrario, colectivización de tierras e industrias y un gran apoyo a la alfabetización, la educación y la salud, el apoyo de la población fue general, pero la corrupción, los malos resultados económicos y las rupturas y enfrentamientos armados entre los grupos que inicialmente habían luchado juntos contra la monarquía llevaron a una situación muy complicada.

Las hambrunas se dejaron sentir en los ochenta debido a las devastadoras sequías que arruinaron las sabanas y convirtieron sus tierras en zonas áridas. De hecho, el recordado evento de Live Aid de 1985 —con Queen y Led Zeppelin—se hizo con el objeto de apoyar económicamente a Etiopía y a Somalia. Casi la mitad de su población y buena parte de su economía, depende de la agricultura.

Además, los independentistas de Eritrea —que le daba salida al Mar Rojo— acrecentaron su lucha, desatándose una guerra civil que culminó con el derrocamiento, en 1991, de la República de tipo socialista y la implementación de reformas  económicas y políticas; hasta la obtención de la independencia de Eritrea, separándose en 1993 —firmando un acuerdo de paz en el 2000—, aunque sigue habiendo tensión en la frontera —hay que insistir que Etiopía perdió su salida al mar—, donde los cascos azules de la ONU vigilan los campamentos de cientos de miles de refugiados, precisamente donde se encuentra Tigré, donde ocurrió la terrible masacre.

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