Lunes, 18 Enero 2021 07:18

¿Qué estamos haciendo en concreto?

Written by Carmen Vicencio*

El tiempo que vivimos actualmente es de lo más interesante.

Los cambios radicales que estamos sufriendo nos colocan en una situación de no saber ya ni qué hacer ni qué esperar. En muchos sentidos parece que, como humanidad, estamos perdiendo el control y el rumbo, pero esto tiene sus ventajas pues implica una sacudida, dada por el “principio de realidad”.

En este contexto, muchas veces nos enfrentamos a la disyuntiva de dejarnos arrastrar por las circunstancias sin ofrecer resistencia, o tratar de recuperar el timón y luchar por mantener cierto dominio.

En el lenguaje bélico dominante solemos decir que el mayor enemigo de la actualidad es la pandemia y hay que empeñarnos en combatirla.

Esta, sin embargo, no es causa de nuestros males, sino tan sólo uno de los muchos efectos del modo de producción dominante en el planeta, desde hace quinientos años y que ha entrado nuevamente en crisis.

Quienes saben sobre el tema (p.e. Naomi Klein La doctrina del shock) señalan que el capitalismo se caracteriza por entrar en crisis de manera recurrente para mantener su poderío, deshaciéndose de quienes le estorban o pueden ofrecer algún peligro. Sólo que el trance que vivimos hoy es muy distinto a otros en la historia. Enfrentamos nada menos que una crisis civilizatoria que TODO lo trastoca: las estructuras económicas, las políticas, las relaciones de los humanos entre sí y con la Naturaleza.

Esta coyuntura nos interpela como especie en relación con nuestro papel en el mundo: ¿cómo entendemos lo que sucede?, ¿qué estamos haciendo con ello?, ¿a dónde nos lleva lo que hacemos como individuos, miembros de una familia, de un grupo o de la especie?

Algunos conciben este momento como la caída definitiva del imperio capitalista que genera caos global y que, como vorágine, puede llevarnos al fin de la existencia humana. Las respuestas entonces suelen ser: frustración, depresión, evasión o anomia.

Otros al contrario lo explican como nuevo fortalecimiento del sistema, que encontró el pretexto perfecto para ganar mayor control sobre una población totalmente desprevenida (ya sea por andar muy ocupada, buscando empleo o hipnotizada por el Smartphone y discutiendo si sigue en Whats o cambia a Telegram o a Signal). Así reaccionan con paranoia y xenofobia.

Otros más, no piensan nada, sólo reniegan. Pero poco se resuelve con señalar y pretender castigar los “errores de esos otros que nos hacen daño”: el gobierno, los partidos, los chinos, Trump, la vecina “argüendera”, los adolescentes “perdidos”, los “malvivientes”, los maestros que “no saben de internet”, las enfermeras “malgeniudas”, los políticos “corruptos” y un largo etcétera.

Es bueno encontrar a aquéllos, que mantienen el ánimo y optimismo y conciben esta crisis (por sus dimensiones y su profundidad) como un tránsito, y una buena oportunidad para repensar absolutamente todo y trabajar como parteras de ese ‘otro mundo que puede ser y que está latiendo en la barriga de este mundo’, según decía Eduardo Galeano.

¿Qué estamos haciendo en concreto para evitar la ansiedad, la depresión y el mal humor, y mantenernos serenos y animados, a pesar de todo?

Las reacciones subjetivas o intersubjetivas, individuales, familiares o colectivas, frente a esta crisis son muy diversas y dependen mucho de nuestra historia, del ambiente que nos rodea, de los rasgos de nuestra personalidad, de la formación que hemos tenido; sobre todo, de cómo nos relacionamos con los demás y de qué estamos haciendo en nuestra vida cotidiana.

Al menos podríamos aprender a respirar profundo y a ponernos en los zapatos de esa o ese otro que está enfrente y que también sufre (quizás más que nosotros).

 

*Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA)

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