Lunes, 18 Enero 2021 07:44

¿Fin del trumpismo o sólo de Trump?

Written by Ángel Balderas Puga

Finalmente, el próximo 20 de enero en Washington, Joe Biden tomará protesta como nuevo presidente de los Estados Unidos.

Lo hará en el marco de la presencia de unos 20 mil miembros de la guardia nacional (al momento de escribir este artículo hay ya en la capital 15 mil de esos militares) y en medio de un estado de emergencia en Washington (que comenzó el 11 de enero y terminará hasta el 24 de enero), esto después de la violenta protesta del pasado 6 de enero cuando grupos de norteamericanos, predominantemente WASP (White Anglo Saxon and Protestant; es decir, blancos, anglosajones y protestantes), asaltaron la sede del capitolio, en Washington, justo mientras se llevaba a cabo el conteo oficial de los votos de los colegios electorales, para declarar a Biden como ganador oficial de las elecciones del 3 de noviembre del año pasado, es decir, más de dos meses después de haberse llevado a cabo el proceso.

Todo indica que el anacrónico sistema electoral norteamericano ha dado de sí. Si tuvieran un sistema como el que prevalece en casi todo el mundo, es decir un sistema basado en el voto popular, se habrían evitado muchos problemas, pues en las últimas dos elecciones ha habido un claro ganador en el voto popular.

El espectáculo del último proceso electoral norteamericano fue seguido en todo el mundo. Los últimos dos meses mostraron al mundo, con crudeza, las grandes contradicciones del sistema norteamericano. Incluso políticos norteamericanos señalaron que su país parecía una república “bananera”. Si se pudiera aplicar a Estados Unidos lo que ellos han aplicado a otros países, alguien tendría que haber invadido los Estados Unidos para restaurar el orden, anular las elecciones y convocar a un nuevo proceso, además de que gran parte de la comunidad internacional no reconocería los resultados de las elecciones.

La mayoría demócrata en la Cámara de Diputados inició ya el segundo proceso de “impeachment” (proceso de destitución) contra Donald Trump. Proceso un poco absurdo pues para que el proceso concluya debe pasar también al senado y terminaría cuando Biden haya ya tomado la presidencia, por lo que el proceso de destitución se ve más como un escarmiento al apoyo real o ficticio que Trump dio a los asaltantes al capitolio el 6 de enero, pero también para frenar de golpe la carrera política de Trump y evitar que en el futuro próximo pueda regresar a buscar de nuevo la presidencia de los Estados Unidos.

Sin embargo, no se trata sólo de Trump, se trata de ver qué sucederá con sus 74 millones de votantes, de los cuales el 80 por ciento creen que hubo fraude. Estamos hablando de 60 millones de “trumpistas” presentes en la escena política norteamericana.

Veremos si se cumple lo que ha señalado la FBI con respecto a que el 20 de enero, toma de posesión de Biden, habría en los Estados Unidos posibles manifestaciones armadas no sólo en Washington sino también en las capitales de los 50 estados y esto a pesar de que el mismo Donald Trump ha manifestado públicamente que no avala la violencia, aunque sigue insistiendo en que hubo fraude electoral.

Esto muestra de que a pesar de que Trump se ha ido quedando solo, sobre todo después del asalto del 6 de enero, y de que hay ya fisuras en el partido republicano, Biden no la tendrá fácil y más porque las fisuras también existen en el partido demócrata pues la izquierda norteamericana buscará que Biden aplique sustanciales medidas de bienestar social, algo que la élite del partido demócrata no ha hecho cuando ha estado en el gobierno.

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