Lunes, 08 Febrero 2021 00:00

Celia y su puesto

Written by Gonzalo Guajardo González

Heredó de su familia la afición al periodismo, al que se dedica desde la prehistoria. Celia aceptó ese puesto porque le intriga que muchos se acerquen buscando algo. El misterio del afán humano es por lo que —en otra época— quiso estudiar psicología en la uni, aunque al final no lo hizo. En el puesto se aprende de todo, y quiere conocer más.

Hay mucho por saber: de ciencia, tecnología, fotografía, sucesos, farándula, entretenimiento, enfermedades, cocina y hasta de la guerra. En la peor fase del COVID-19, muchos veían presagios de guerra; y más todavía cuando Trump rechazó los resultados electorales en los EEUU. Aquí se oye de todo, y enseña qué es la vida humana.

Este lugar (con lámina de dos por tres metros) no deja que una se aburra. Pero hay que aceptarlo: cada quien busca lo suyo. La gente es como los dedos de la mano: no hay dos iguales; cada uno es una novedad y todo se puede esperar.

Por ejemplo, la señora que —agitada— pide ayuda porque un tipo hace rato —en la calle— le declaró su gozo al verla pasar (¡qué bella es usted!); o el que —con sus “mejores garritas”— saca una moneda del bolsillo, compra el periódico y busca sólo anuncios de empleo; o el que tiene el sueño de volverse rico, a fuerza de ver todos los lunes notas de la bolsa de valores; o la señora que se acerca diario desde temprano, pero no a comprar, sino para hablar de su vida (busca sólo quién oiga sus problemas y anécdotas; no pide ni espera consejos). Cada quien con sus gustos, preferencias, deseos, búsquedas, dolores y sueños, según sus necesidades y ocupaciones, o su edad.

Por ahora, Celia no tiene responsabilidades que atender más que su vida, su trabajo y lo que le pide el perrito que le hace compañía. Y cuando menos lo piensa ya está planeando llevar a pasear al animalito, qué comida darle que no le haga daño. Recuerda con placer que, al llegar a casa después de un día difícil, el ‘Colita’ la recibe con brinquitos de alegría, con ladriditos agudos y el frenesí con que sus patitas delanteras arañan los zapatos de ella.

Se da cuenta de que el ‘Colita’ es su mejor compañía y, cuando le pide atención, ella se la da con entusiasmo; el perrito le alegra la vida y la emociona. Entonces Celia —cantando— arregla su casa y acomoda en la alacena lo que trajo del mercado.

Dice que hasta hoy no encuentra nada que le disguste del puesto. Aunque lamenta que —por la pandemia— muchos se han encerrado en su casa, y no salen si no es con precaución o, al contrario, desobedecen y andan sin cuidados (como si fueran inmunes). Como sea, lo último en lo que piensan es en el puesto de periódicos. Sin negar, además, que los aparatos electrónicos (computadora incluida) hacen que se piense sólo en lo que dicen los mensajes virtuales, sin ningún control.

Revistas y publicaciones —antes muy buscadas—, ahora ya han desaparecido. Celia no niega que, como están las cosas, se le ocurre a veces buscar empleo en alguna empresa (uno se siente más seguro y tranquilo con un trabajo de planta); pero pronto abandona la idea porque —dice— en su mayoría las empresas están cerrando para recontratar menos trabajadores, con más carga y salario más pequeño, sin que defienda el sindicato; además, perdería la excitación diaria que da el puesto.

En la UAQ llegó a segundo de comunicación, pero se salió. Decidió ver mundo un poco: con empleos breves, paseos a varios lugares del país y trabajos de artesanías, hasta que se aburrió y regresó al puesto, como sus padres le enseñaron.

Lo malo es que hoy la mayoría ya no lee. Busca actividades como pasear, ir a fiestas (sin guardar la sana distancia) y, sobre todo, ver televisión; pero no leer. El COVID-19 alienta a que uno no se mueva, a quedarse en casa. Temen salir, y —los que tienen dinero— buscan juegos electrónicos para entretenerse. No sé qué pasa con la gente, pues hoy se comporta de forma muy extraña, como loca.

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