Lunes, 15 Febrero 2021 00:00

El Holocausto: ¿vergüenza o encubrimiento nacional?

Written by Kevyn Simon Delgado

Un hecho preocupante acaba de acontecer en Polonia este martes 10 de febrero. Dos historiadores, Jan Grabowski y Barbara Engelking, expertos que publicaron una monumental investigación sobre el Holocausto titulada Noche sin fin: el destino de los judíos en la Polonia ocupada, acaban de ser condenados por el gobierno de ultraderecha que rige en aquel país desde el 2015, a rectificar y disculparse por un párrafo de las mil 600 páginas del texto, en el que nombran a un entonces alcalde de un pueblo de haber entregado una mujer polaca y judía a los nazis.

Grabowski manifestó: “la sentencia supone un problema muy grave para todos los historiadores del Holocausto en Polonia, pero también en el extranjero. Se trata de un asunto que nunca debería haber llegado a un tribunal porque no son los tribunales los que deben establecer lo que es cierto o no en términos históricos”. Ese mismo día, la periodista Katarzyna Markusz fue interrogada por la policía por publicar en una página de internet la siguiente pregunta: “¿Viviremos para ver el día en que las autoridades polacas admitan que entre los polacos, en general, no había simpatía por los judíos y que la participación polaca en el Holocausto es un hecho histórico?”

No han sido los primeros investigadores e investigadoras en ser hostigados por el Estado por indagar en el pasado oscuro que vivió su país. Es más, la película Ida, galardonada con el Óscar en 2015 a mejor filme extranjero, que retrata cómo unos judíos polacos son asesinados por sus vecinos para quedarse con sus posesiones, fue atacada por medios de comunicación y recibió el rechazo del gobierno.

Me resulta muy llamativo. Ya que imagino que es muy probable que cuando una persona promedio piense en la Segunda Guerra Mundial y en las políticas genocidas aplicadas contra millones de personas, se piense en Alemania como el principal verdugo y en Polonia como la víctima más agredida (la total destrucción de Varsovia; 6 millones de víctimas fatales, entre ellas 3 millones de judíos; 6 campos de exterminio, Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Belzec, Sobibor, Chelmno y Majdanek lo demuestran).

Entonces, siendo Polonia una víctima de la ocupación militar del nazismo, ¿por qué se opone a que se investigue tal periodo, ocurrido hace ya 76 años? ¿Por qué le temen a la verdad? Ah, pues porque lo que los colegas y la periodista abordaron fue la complicidad de algunos polacos católicos -que nunca del gobierno en el exilio- en la persecución a los judíos, y eso insulta a la “nación polaca”, lo que no se puede hacer por ley desde el 2018. La medida tiene sanciones de multas y hasta tres años de cárcel. El Presidente de Polonia, Andrzej Duda, dijo que ésta “protege la dignidad polaca”.

Es cierto que cualquier Estado, organización o persona que haya colaborado con los nazis debería de morir de vergüenza. Pero al final, este tipo de políticas de la (des)memoria termina convirtiendo a Polonia en un Estado negacionista “light”. Por desgracia, Polonia no ha sido el único país con políticas que buscan borrar o manipular la historia.

En la lista podemos ubicar a casi toda Europa. Alemania no podía negar lo innegable, habría sido el colmo, pero sí minimizó la participación del alemán de a pie e incluso de la Infantería en los crímenes genocidas, buscando culpar sólo a la cúpula mayor del Partido Nacionalsocialista, a la hora de la hora, resulta o que “no sabían” o que “sólo obedecían órdenes”; Francia negó durante décadas lo que fue una clarísima colaboración con los ocupantes nazis; la extinta Unión Soviética ni mencionaba su ocupación del este de Polonia al inicio de la invasión nazi ni las matanzas contra miles de militares polacos en Katyn; y en general, pocos Estados aceptaban que también entre sus poblaciones existía un antisemitismo arraigado que llevó a la colaboración en el intento de exterminio encabezado por los nazis.

Todo ello ha llevado a una fragmentación de la memoria histórica y a un burdo manejo de la historia con fines políticos que historiadores y sociedad deben de ver con preocupación. Como dijo el historiador Norman Davies: “El Holocausto es un hecho incontestable, pero los caminos de una comprensión más plena están obstruidos”, en buena medida, por estas protecciones oficiales que quieren enmarcar el pasado desde su limitada y nacionalista perspectiva.

Redes sociales

Contacto

Teléfono y fax: 1921200 Ext. 5425
Correo electrónico: tribunadequeretaro@gmail.com