Lunes, 22 Febrero 2021 00:00

Reflexiones en torno al desquiciamiento global

Written by Carmen Vicencio*

En varios intercambios con amigas, amigos y familiares observamos diversas expresiones del desquiciamiento global que viene sufriendo la humanidad como consecuencia —primero— del modelo neoliberal y —luego— de la pandemia y encierro causados por este.

Algunas se dan en los espacios más íntimos, en las discusiones entre quienes habitan o conviven bajo el mismo techo (hogar, empresa, iglesia, club…) o participan en redes sociales. Pareciera que una gran ansiedad domina el ambiente, imponiendo la mutua desconfianza y la intolerancia como actitudes básicas. Quienes antes se querían ahora se agreden despiadadamente. Lo más esperable en este río revuelto es que “todo lo que digas o calles, será usado en tu contra”.

Las reacciones a esta advertencia son diversas: algunos optan por abandonar los grupos en los que ya no se sienten a gusto; entonces se encierran en sus espacios privados, buscando protegerse del ruido exterior (y dejando el campo libre a quienes, según ellos, “no tienen la razón”). Otros, al contrario, defienden con los dientes su postura, “cueste lo que cueste y afecte a quien afecte”, exponiendo todas sus vísceras y en franca actitud vengativa. Así, cada quien se asume como héroe o víctima de su propia historia, y busca justificar sus propias contradicciones y sus prejuicios sobre los demás.

Estamos en guerra de todos contra todos o, en muchos casos, sin saber a ciencia cierta quién es amigo y quién enemigo, ni por qué.

Algunos intelectuales intentan explicar lo que sucede, caracterizando esta época de formas distintas pero complementarias: Lipovetsky la nombra El imperio de lo efímero o La era del vacío; Z. Bauman: La modernidad líquida; G. Debord: La sociedad del espectáculo; B. Chul Han: La sociedad del cansancio o La sociedad de la transparencia (en la que ya no es posible la intimidad); J. Zicolillo: La era de las corporaciones… No son pocos los que exponen que nos encontramos, no sólo al final del neoliberalismo, sino en pleno y turbulento tránsito del modo de producción capitalista a otro, del que no sabemos si será peor, y ni siquiera si lo sobreviviremos.

El problema con estas exposiciones —por un lado— es que resultan demasiado abstractas para la mayoría de la población y —por el otro— que no ofrecen salidas, por lo que la ansiedad aumenta.

En un plano más concreto, la crisis se agudiza (en todo el mundo, no sólo en México) de modo especialmente dramático en tiempos electorales, pues lo que logra verse es sólo frenético combate en incesante vaivén: demasiados brincos, demasiados cambios.

En este contexto tan incierto, las preguntas sobre ¿qué buscan realmente quienes compiten?, ¿para qué quieren el triunfo?, no se dejan esperar.

¿Cómo entender, por ejemplo, que un panista-neoliberal como Arturo Maximiliano busque ahora defender la 4T?, o ¿qué legitimidad tiene la consigna de “unidad” en torno a un partido que ofreció ser “La Esperanza de México”, pero admite como candidato a gobernador, sin más, a gente tan impresentable como Salgado Macedonio?, o ¿por qué los morenistas habrían de aceptar, sin chistar, lo que consideran “una grave traición de Delgado, al haber decidido cupularmente candidaturas locales, sin escuchar otras voces y en franca contradicción con los principios de su partido”? ¿Después de todo lo que se ha ventilado sobre el Prian (también infiltrado en los demás partidos), cuál es la opción? Para colmo, por lo visto, ni abstenerse ni anular lo son, pues sólo fortalecen a quien de por sí, tiene más poder.

¿Qué posibilidades reales tiene la democracia en este contexto?

Vivimos tiempos muy complejos y a veces parece que la cordura peligra, especialmente cuando se pierde de vista el bosque, por enfocar sólo el árbol que a cada quien interesa.

¿Cómo mantener la lucidez y la fortaleza espiritual en pro de la naturaleza y de los humanos más desprotegidos, en tiempos tan oscuros y tan revueltos?

Escucharlos y verlos a ellos sería un primer paso.

 

*Miembro del ‘Movimiento por una educación popular alternativa’, MEPA

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