Lunes, 15 Marzo 2021 00:00

A quienes nacieron o cayeron en la desgracia

Written by Carmen Vicencio*

Aún no cesa el debate sobre las revueltas por el Día internacional de la mujer trabajadora, que se asimila al Día internacional para erradicar la violencia contra las mujeres, por obvias razones.

Algo que hemos aprendido de algunas feministas es la importancia de distinguir luchas específicas. No es igual protestar, para frenar la violencia “contra la humanidad”, que protestar para erradicar la que se ejerce con saña especial contra las mujeres, “por el sólo hecho de serlo”.

Sin embargo y por lo visto, focalizar cada especificidad implica abrir la puerta a la oscura heterofobia (de “héteros” igual a “diferente”). Por defender a un grupo, se puede caer en el repudio de quienes no le pertenecen, y el esfuerzo por visibilizar la trágica injusticia que sufre un sector de la humanidad, puede invisibilizar la lucha de muchos otros. Así de complejos somos los humanos y así de difícil es comprender lo que nos sucede.

La ONU suele conmemorar 666 días internacionales, para curarse en salud y aprovecha las luchas sociales. Así, las lava, las separa y les quita su fuerza de denuncia, de resistencia y revolución, con el apoyo indiscutible de la sociedad de mercado (“hay que ver lo positivo”) (¿o será a la inversa y ésta dicta a la ONU?).

En su portal oficial explica: “¿Para qué sirven los días internacionales? (Estos) …nos dan la oportunidad de sensibilizar al público acerca de temas tales como los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la salud. Al mismo tiempo pretenden llamar la atención de los medios para que señalen a la opinión pública que existe un problema sin resolver. El objetivo es doble: por un lado, que los gobiernos tomen medidas, y por otro que los ciudadanos conozcan mejor la problemática y exijan a sus representantes que actúen”.

En los hechos, quienes son víctimas ya están más que sensibilizados. El desafío es conseguir que el resto se disponga, no sólo a exigir la transformación del régimen, sino a volverse de “los imprescindibles que luchan toda la vida” (Brecht), porque sólo así se avanza.

Sin duda, los procesos sociales son extremadamente lentos y cada revuelta de aniversario puede ser aprovechada por el sistema para desvirtuar sus fines y perder a “los revoltosos”, quienes, al vivir la catarsis, se aplacan o bien, se enredan en una guerra soro-fratricida de todos contra todos, que los lleva, tanto al olvido del verdadero enemigo, como al de otras víctimas invisibles.

Dedico este escrito a dos víctimas de uno de los sectores más invisibilizados de la sociedad de todos los tiempos, mayor en proporción y más lastimado que el de las mujeres: el de la clase baja; ésa integrada por quienes E. Galeano definió como “Los nadie”.

Difícilmente los vemos, porque carecen de fuerza y capacidad organizativa para hacer oír sus demandas; quizás porque ni siquiera las tienen, pues han sido colonizados, por la ideología dominante que los lleva a creerse “merecedores de su condición”, y si se ven, son repudiados, como apunta Adela Cortina en su imprescindible análisis ‘Aporofobia, el rechazo al pobre´ (Paidós).

Una vieja conocida, “orgullosamente conservadora” y manifestante “feminista” del pasado 8M, los describe así: “La gente que es pobre en su economía, es porque tiene una mente pobre, porque ha encontrado una forma comodina de conseguir el sustento, porque no le gusta trabajar y menos luchar. Esa forma de ser no va conmigo. Yo me la partí sola para sacar a mis hijos adelante y bien…” (sic).

Al parecer dicha persona desconoce la larguísima cadena de esos “nadies”-esclavos, que la sostienen y que trabajan más que de sol a sol, sin justa retribución. No ve a los campesinos que le dan de comer, ni a los albañiles que construyeron su casa, ni a las costureras que hicieron su ropa, ni a un larguísimo etcétera.

La semana pasada una de esas víctimas (vecino, varón, casi niño) auto-murió porque no pudo más con su vida miserable. Otra víctima (varón, anciano), antes brillante maestro, ahora vaga sin rumbo, buscando dónde dormir, pues cayó en la desgracia y todo lo perdió por la pandemia.

 

*Miembro del ‘Movimiento por una educación popular alternativa’

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