Lunes, 22 Marzo 2021 00:00

Carta a mi hermana

Written by Gonzalo Guajardo González

Llevo tiempo escribiendo por las exigencias de mis actividades y aficiones. En su mayoría, redacto textos como reportes de investigación, ensayos filosóficos o de divulgación teórica. Algunos más han sido oficios dirigidos a autoridades públicas y funcionarios académicos. Al inicio de 2021, me dio por escribir literatura. Desde hacía años cargaba ese deseo. Ahora redacto historias, aunque cortas (la narración breve tiene bondades que en el sureste asiático se han reconocido), pues en la brevedad de su fraseo escueto y pocas palabras es posible plasmar ideas completas.

El principal medio periodístico impreso de la UAQ (Tribuna de Querétaro) informa en pocas páginas sobre acontecimientos del mundo, México y Querétaro. Nos pide que las colaboraciones que entregamos también sean breves, claras, veraces.

Los lectores, como parte de un núcleo (o sector social), buscan ideas que les sean significativas.

Así, el que publica para esos lectores ha de procurar que su escrito cumpla varios requisitos: 1) que su contenido sea creíble, en el género que sigue y según el contexto; 2) que la forma dé lugar a determinados efectos, como asombro, gozo, sorpresa, alegría, pesadumbre, etc.; 3) que los términos y giros del lenguaje provoquen efectos (por ejemplo, desconcierto y sorpresa), lo que debe ser claro para el que escribe; 4) que el contenido no es por sí mismo verdadero o falso, ni verosímil o inverosímil, ni pertinente o impertinente, sino que esos adjetivos son construidos por la narración, a la vez que consecuencia de ella y de lo que se busca; por ejemplo, un texto científico generalmente versa sobre temas que procuran verdad y certeza, un texto político pretende verosimilitud y convencimiento, el escrito literario busca pertinencia, naturalidad y belleza.

He querido escribir historias breves (las llamo cuentos, para no incurrir en algún desliz con que indebidamente revelase a la persona real reseñada), historias de la llamada “gente menuda”; no por menosprecio, sino porque son gente que siempre está al día, sin recursos para una vida apenas aceptable, gente que está mal y apenas puede sobrevivir; gente que desde las primeras horas se la pasa tronándose los dedos.

No tienen manera de vivir con decoro; se ocupan en actividades para las que no hay seguridad social ni están reconocidas por alguna legislación; es la misma gente a la que uno le da la vuelta cuando parece que se la va a topar si se mantiene en la misma acera, “visten andrajos” y “huelen mal” porque ni agua tienen para limpiarse el rostro con un trapo mojado; gente en vulnerabilidad radical o sinhogarista (como dice Adela Cortina) que carece de hogar donde disfrutar de momentos de alivio. Su sabor de boca es acre, porque algo de la vida no les ha cuajado. La dulce nata se les ha podrido antes de llegar el paladar; los sueños de princesas son quimeras.

Porque respeto lo que viven y expresan y me mantengo fiel a su narración, éstas no son cuentos de color de rosa.

Las historias de las clases medias (incluidas las de la clase pudiente) pretenden ser exitosas; concluyen con un “y fueron por siempre felices” (aunque, tras bambalinas, también viven del carajo). La cotidianidad de la vida pobre o, peor, de la vida miserable no resulta a pedir de boca; usualmente acontece algo que fastidia (total o parcialmente) el desenlace esperado.

Para redactar las historias, me propongo no inventarlas, sino recuperarlas de quienes las viven efectivamente y las narran. Entrevisto a alguien, cuyas declaraciones recojo en grabadora, a la vez que también tomo notas en una libreta; con afán de ser fiel, vuelvo una y otra vez a la narración mientras la transcribo.

Modifico varios de sus elementos como nombres, el área geográfica donde tiene lugar, las referencias a parientes o conocidos, algunas actividades cruciales y hasta el género (pueden ser mujer o varón, diferente al relato). Cuando ya tengo la historia en su redacción final, la imprimo y entrego al personaje de la narración, la leemos juntos, hago las correcciones o modificaciones necesarias y la doy a Tribuna de Querétaro para su impresión.

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