Lunes, 29 Julio 2019 00:00

Twitter como espejo

Written by Daniel Muñoz Vega

Hace un año cerré mi cuenta de Twitter. Aquella vez, vi que había acumulado 20 y tantos mil tuits e hice un recorrido para leer lo que había escrito desde 2009. En ese ir hacia atrás, de pronto comencé a desconocerme, en cierto momento sentí que estaba leyendo a un imbécil: peleas, insultos, arrogancia y una falsa superioridad intelectual fue lo que me encontré. Tuve la necesidad de desmarcarme de esa versión de mí mismo y sentí la obligación de dejar de usar ese espacio.

Twitter es un caldo de arrogancia, nos hace creer que somos inteligentes, nos envalentona para escribir estupideces, algunos no son capaces de dar la cara y opinan desde el anonimato. En ese espacio, nos da por insultar a gente que ni siquiera conocemos, nos aferramos a nuestras creencias y las defendemos a ultranza, nos da la ridícula posición de la superioridad a través del sarcasmo o presumiendo a un puñado de autores que hemos leído. Escribo esto porque yo he formado parte de esa dinámica, algo a lo que le dediqué mucho tiempo.

Hoy, con el momento actual que vive México, lo confuso y contradictorio que resulta el tema de la Cuarta Transformación, las aguas en Twitter están embravecidas, hay una sobreproducción de verborrea ociosa, inútil, que nada aporta al debate, desde quienes tuitean mucho con sus dos mil y tantos seguidores, hasta de quienes lograron un papel protagónico con sus cientos y tantos mil followers. Ayer me encontré una pelea entre Gibrán Ramírez, defensor del actual régimen, y Javier Lozano, opositor del gobierno, y su debate no es más que palabrería estéril. Esos son los protagonistas del debate de la 4T, que parece que nos invitan a opinar de lo que opinan, vaya cosa.

Me parece muy interesante quienes le consagran su tiempo a la red social, yo me asombré de haber generado 20 y tantos mil tuits, hay quienes llegan o rebasan los 50, los 100 mil. No es solo es el tiempo de compartir y redactar ideas, sino también el tiempo que le dedicamos a leer a otros. También está el tema de querer ser influencers, qué cosa tan absurda; uno de los mejores tuits que me encontré un día decía “influencer, que palabra tan pendeja”. Todos quienes nos hemos enviciado con el tema de las redes sociales, hemos sentido esa necesidad de atención, quizá algún mensaje en esta u otra red social tuvo un relativo alcance y nos sentimos importantes, sin comprender que todo en el mundo digital es efímero.

El tema de las redes sociales en el terreno de la psicología es complejo, pienso que hay una segunda versión de nosotros a través de Twitter, Facebook e Instagram. Igualmente hace poco tiempo decidí cerrar mi Facebook, es la segunda vez que pretendo hacerlo de manera definitiva, la primera vez tuve un pretexto absurdo para regresar. En el caso de Facebook, su dinámica de uso va totalmente en contra de mi cosmovisión. ¿Por qué la usaba? Por mi derecho a la incongruencia y porque a veces tengo necesidad del sarcasmo y del humor barato, pero debe haber otros medios para abrir esa válvula.

Por mucho tiempo fui defensor del uso de las redes sociales, y claro, hoy lo sigo siendo porque soy defensor de todo tipo de libertades; a lo que voy, es que creo que también tendríamos que procurar un poco el silencio, nuestros smartphones nos están consumiendo nuestra capacidad de atención. Las redes construyen una muy superficial versión de nosotros, son los tiempos, desafortunadamente no hay nada que hacer contra ellos, espero solo ser de los que caminan hacia el lado contrario.

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