Martes, 20 Octubre 2020 08:06

La universidad que necesita México

Written by Carmen Vicencio*

El proceso electoral en el que se encuentra actualmente nuestra Alma Mater, da para reflexionar sobre el sentido de las universidades públicas mexicanas, que han sido reducidas por el capitalismo, a simple medio para que sus miembros (individuos) alcancen un mejor nivel de vida y mayor prestigio.

Diversos estudiosos (Hugo Aboites, La medida de una nación, Naomi Klein, No logo, entre otros) denuncian cómo varias universidades devienen acríticamente en meros centros de capacitación para las empresas trasnacionales e incluyen en sus campus, oficinas o planes curriculares dictados por éstas; situación denominada pomposamente: “modelo innovador de doble beneficio”, que “se justifica por la necesidad” de “vincular a la universidad con la sociedad” y de transitar a la educación virtual. Esta decisión no sólo privatiza apaciblemente la escuela pública, sino las mentes de funcionarios, investigadores, docentes y estudiantes.

En otros casos, las universidades públicas se ven orilladas a desatender sus principios filosóficos y su encargo fundamental de ser aparato crítico-creativo de la sociedad, por tener que dedicarse de lleno a sobrevivir cuando escasean los recursos.

La insuficiencia presupuestal suele explicarse por la incomprensión de los gobiernos hacia estas instituciones, pero también por cierta desconfianza hacia ellas (a veces ganada a pulso), ya sea por su “mediocridad”, obsolescencia o incapacidad para enfrentar los nuevos desafíos; ya sea por su mal manejo del erario (V. La estafa maestra).

La tarea fundamental de las universidades públicas se pierde además; por otro lado, cuando la OCDE las obliga a adecuar sus planes y programas, sus modos de pensar y discutir la realidad, así como sus prácticas, a las exigencias homogeneizadoras del Proyecto Tuning.

Detrás de los discursos políticamente correctos (que deben incluir palabras como ‘calidad’, ‘excelencia’, ‘competitividad’, ‘innovación’, ‘emprendedurismo’ y ‘prestigio internacional’ para no quedar bajo sospecha), —en los hechos— muchas y muchos docentes deploran que los jóvenes se muestren desinteresados por el conocimiento, que lleguen a las aulas sin preguntas y vean los estudios sólo cómo trámite para certificarse. Las-os estudiantes por su parte lamentan que instruirse resulte tan tedioso e irrelevante para sus intereses y tan alejado de sus necesidades vitales. El desconcierto de ambas partes se resuelve muchas veces con autoritarismo-sumisión, rebelión-expulsión-deserción o simulación.

Este problema tiene que ver, creo, con que parte fundamental de la problemática social queda excluida de la investigación, de la docencia y mucho más, de la extensión:

La destrucción de la Naturaleza por el extractivismo; la precarización del empleo, de la moral, de la salud física y mental, de la paz, de la compasión…, resultantes del capitalismo voraz e irresponsable (al que no importan los graves daños que causa), se manifiestan en los sujetos individuales y colectivos en forma de miedos irracionales, insatisfacción, intolerancia a la frustración, desconfianza básica, evasión, cinismo y creciente tendencia al suicidio…

Por fortuna, tal es el descontento con la situación actual, que por doquier surge gran cantidad de redes y movimientos locales, nacionales, internacionales, convencidos y dispuestos a demostrar que no sólo son posibles, sino actuales, otras formas de vivir, de crear, de aprender, de producir, de alimentarse, de vestirse, de amar, de jugar, de relacionarse con las-os demás y con la Naturaleza…

Movimientos que convocan a las universidades públicas, a poner toda su ciencia al servicio no del capital, sino de la gente y de la construcción de ‘un mundo en el que quepan muchos mundos’, y cuyo afán principal se dirija al cuidado mutuo y de la madre Naturaleza.

 

*Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa

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