Miércoles, 04 Noviembre 2020 11:58

Debates y memes

Written by Sergio Rivera Magos

Los debates son momentos insustituibles en las campañas electorales, pues obligan a comparecer a los contrincantes y a someterse a un intenso bombardeo de preguntas, ataques y sorpresas durante el encuentro. Sirven para que el electorado pruebe la capacidad argumentativa de los candidatos y su habilidad para responder a cuestionamientos incomodos y temas polémicos.

Aunque causan gran expectación, no suelen ser definitivos; ni siquiera significativos en el resultado electoral, los votantes ven ganar a su candidato independientemente del desempeño mostrado y el voto se define en otras instancias y por otras razones. El debate es simplemente un aderezo en la campaña que convence a algunos y orienta a otros tantos, pero que no logra ni vuelcos, ni repuntes.

Más allá de su efectividad electoral, los debates son espectáculos mediáticos seguidos con la expectativa de presenciar un escándalo, un duelo de insultos o hasta frases para el divertimento popular: recordemos —por ejemplo— a “riki riquín canallín”. La recepción de los debates ha ido cambiando vertiginosamente, desde el mítico debate Nixon-Kennedy, hasta los más recientes debates entre Trump y Biden. Hoy en día generan comentarios e interacciones en tiempo real a través de redes sociales; un ejemplo de esto son los cientos de memes que recuperan momentos o frases para destacar los errores o celebrar los ataques de los candidatos.

Actualmente los debates se ven de manera simultánea en dos o tres pantallas. La recepción televisiva acompañada del seguimiento a través del teléfono móvil de una o más redes sociales y —eventualmente— la búsqueda de información en la computadora. Las interacciones fluyen en un intercambio incesante de apreciaciones, opiniones y producción de contenidos respecto al tema.

Los memes suelen ser el producto preferido, y en la mayoría de las ocasiones son utilizados para parodiar el debate destacando las características personales de los candidatos y editorializando acerca del ritmo o tono del evento. Tan o más importante que el debate, el posdebate representa una nueva oportunidad para la pirotecnia de memes, esta vez sustituyendo la espontaneidad por la agudeza, el humor negro o la comparación de los candidatos con personajes mediáticos o dibujos animados.

Si bien los candidatos son los protagonistas del debate, los usuarios de redes sociales son actores participantes dispuestos a compartir una pieza de humor, a propósito de una política que causa desconfianza, pero que provee un tema en común siempre útil para el ejercicio de la risa colectiva y la mofa a coro.

Consolidado ya como una pieza de comunicación política, el meme es creado también de manera no orgánica. Actualmente es sabido que equipos de profesionales trabajan desde el anonimato en la generación de memes, fake news y narrativas artificiosas. Con objetivos poco éticos utilizan el meme para generar la sensación de triunfo o para atacar al candidato opositor. El debate no se trata simplemente de ver la esgrima verbal de dos o más candidatos, se trata de recrear a través de memes el hecho mediático; la política se recupera no desde la ideología, sino desde la actualidad, desde la coyuntura que nos regala un tema en común para juguetear con él hasta el cansancio.

Más que las propuestas, nos interesan los tropiezos verbales de Biden; más que las reformas y los pronunciamientos, nos fijamos en la capacidad de interrupción de Trump; más que revisar la congruencia de AMLO, celebramos el que guarde su cartera al acercarse Anaya; nos convence no el proyecto político, sino el guiño populista; nos interesa no la política pública y su factibilidad, sino la reafirmación del candidato de ser un ‘outsider’, aunque este haya nacido directamente del corazón del sistema.

Robusto y trepidante, el meme estará ahí como el legado digital de la generación millennial, acompañando debates políticos y cuanto suceso mediático haya por ver.

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