Miércoles, 18 Noviembre 2020 03:50

Trump. La sorpresa y las lecciones

Written by Edmundo González Llaca

Lo sorpresivo no es que haya ganado Biden, lo que me deja con los ojos cuadrados es que haya sido por una nariz. La pregunta me cae de peso como si se me viniera encima la Peña de Bernal. ¿Cómo es posible que un tipo tan detestable como Trump, el amigo de nuestro Presidente, haya tenido tal cantidad de votos? se supone que cuando uno elige a un Presidente —el máximo representante del electorado—, este debe encarnar la mejor versión de lo que es un político, un ciudadano y un ser humano. Trump es un político que no paga sus impuestos y aborrece la libertad de expresión; un ciudadano racista y discriminador, un ser humano mentiroso, cínico, misógino y payaso.

Si hubo un derrotado —además de Trump y nuestro Presidente (que la hizo de su maraquero electoral)— fueron las empresas encuestadoras. Y no es que hayan mentido en su pronóstico de dar una ventaja holgada de Biden, sino que las respuestas de los encuestados fueron falsas. Cuando respondían, estaban conscientes que no era moral ni políticamente admisible manifestar sus simpatías por un tipo tan aborrecible como Trump, pero cuando estaban solos y sin testigos, sólo ante su pérfido y monstruoso Pepe Grillo, sacaban su esencia “Wasp´s: “White, Anglosaxon-Protestants”. Todavía en su disco duro y en el closet muchos de nuestros vecinos encierran el retrato de Hitler y el disfraz de ku klux klan, con todo y su sombrero de cucurucho.

Una secreta fascinación les despertaba un tipejo que —sin el menor empacho de encarnar la definición de un “bad hombre”— era más creíble que toda esa clase política prudente, en la línea de pensamiento que parece imponerse idealmente en el mundo: plural, tolerante, pacífica, solidaria con los desvalidos; feminista; defensora de la ecología. Marx decía que una sociedad estaba en crisis cuando había “Políticas sin convicciones y convicciones sin pasión”. No hay duda que amplios sectores del electorado gringo optaron por darle gusto a quien consideraban auténtico, pues representaba sus oscuras e impresentables pasiones.

¿Cuál es la pasión capaz de hacer enmudecer a la razón? Despertar, lo que llamaba Ortega y Gasset; “Su Majestad: el odio”: No es nada nuevo, no hay demagogo que no se suba sobre los hombros de un enemigo, real o ficticio. Espero que la derrota de Trump haga recapacitar al Presidente y deje su discurso polarizador. Pero mucho tienen también que aprender los opositores.

Algunos de los adversarios de López Obrador se inclinan porque el fuego se combate con fuego, que la forma de ganarle en las urnas es copiar su discurso áspero, ofensivo y burlón. Biden rechazó la estridencia, describió puntualmente la política de Trump, hizo un diagnóstico, realizó una crítica y presentó una propuesta.

Donde mejor se vio fue en la elección, fue optimista pero no adelantó su triunfo, ni cayó en el discurso mordaz ante el derrotado. Los medios de comunicación también deben sacar lecciones en su política de cortar el mensaje de Trump por decir mentiras. Los que opinamos estamos inclinados a presentar posiciones, en este caso no la tengo. La censura me parece abominable. Si aplicáramos esta política —de ninguna mentira— se nos olvidaría hasta el tono de voz del Presidente.

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