Viernes, 30 Octubre 2020 11:55

Vuelve la democracia a Bolivia

Written by Sergio Centeno García

En noviembre de 2019 la ultraderecha internacional en contubernio con la ultraderecha nacional de Bolivia y con los fascistas incrustados en las élites del ejército y la policía bolivianas, allanaron los domicilios de los principales líderes del gobierno legal y legítimo del presidente Evo Morales, secuestraron a sus familiares más cercanos y amenazaron con ejecutarlos si no renunciaban al gobierno del país.

Siempre con la intención de proteger a sus cercanos colaboradores y familiares, pero sobre todo con la clara intención de evitar un terrible derramamiento de sangre -porque es bien sabido que los fascistas no se tientan el corazón para masacrar personas inocentes-, Evo Morales renunció a ser presidente de su país y negociaba la conservación de su vida con los golpistas a cambio de salir de Bolivia para siempre.

Se completaba así un golpe de estado más en la historia de américa latina, siempre orquestado por la ultraderecha empresarial y por los intereses gringos en el continente.

Luis Almagro, pelele en jefe de la Organización de Estados Americanos (OEA) que ha jugado un papel muy relevante en el ataque de los gringos contra los países latinoamericanos que luchan por ser independientes de su Imperio, fue el iniciador del golpe aduciendo falsamente que había existido un fraude electoral con el que Evo Morales había vuelto a ganar la presidencia de gobierno.

Una vez que la OEA atacó falsamente el proceso electoral, los panistas y FRENAS bolivianos salieron a la calle para protestar contra el supuesto “fraude” electoral, el cual hoy se ha visto totalmente desmentido, pues si el segundo de Evo les ganó ahora con casi el 57 por ciento de los votos, con mayor razón su jefe en el 2019 lo había logrado con menos del 50 por ciento. Y posteriormente, como en Chile en 1973, en Honduras en 2009, y en tantos otros países donde el esquema de golpe de estado fascista se ha reproducido fielmente, fueron los jefes militares y de policías quienes se amotinaron para obligar bajo amenaza de muerte a los funcionarios gubernamentales a renunciar.

Matanzas, masacres y represión brutal a indígenas bolivianos llevadas a cabo por militares y policías se dieron enseguida, y de ello, ni una sola mención por parte de la prensa chayotera mexicana y del mundo, como si los indígenas y la gente pobre del Planeta no existiera para ellos.

Evo Morales salió de Bolivia lo más rápido que pudo, pues los asesinos ya tenían orden de asesinarlo y evitar que saliera hacia algún país amigo, no fuera que desde allá ese “indio mugroso” pudiera seguir molestando a la “gente bonita”, decían los “fifís” de Santa Cruz, liderados por el criminal golpistas Fernando Camacho.

Todos los avances en materia económica, de justicia e igualdad social logrados por el gobierno de Evo Morales fueron tirados a la basura por los golpistas bolivianos, y como es su costumbre, apenas tomaron el poder se dedicaron a robar y a saquear las arcas de la nación en beneficio propio.

Sin embargo, el pasado domingo 18 de octubre la democracia retornó a Bolivia, ya que obligados por organizaciones y observadores internacionales a los golpistas no les quedó más remedio que consentir elecciones limpias donde una vez más fueron electoralmente apaleados por el Movimiento al Socialismo (MAS).

¿Qué sigue? la restauración de la democracia y de un gobierno popular, no de élites, y ojalá también, que los criminales golpistas sean llevados a juicio para que sean castigados por sus graves asesinatos. Ojalá.

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