Martes, 20 Octubre 2020 06:16

Pensamientos

Written by Ricardo Rivón Lazcano

Todos vivimos escondidos y escondiéndonos de los demás y de nosotros mismos. Ya nadie proclama quién es.

Desfiguramos nuestros recuerdos, los dilatamos, mentimos inconscientemente, manipulamos lo que tomamos por memoria, describimos una verdad que nunca ha existido y continuamos viviendo con todo ello a cuestas. En ocasiones, como si nada.

En todo movimiento hay oportunistas, tipos que se mueren por echarle mano al poder, lobos disfrazados de revolucionarios. La situación está tan mal, que desesperarse es un lujo injustificable. Una de las principales lecciones para la juventud debería ser aprender a soportar la soledad; pues esta es uno de los manantiales de la felicidad y de la serenidad de ánimo.

Todos vivimos escondidos y escondiéndonos de los demás y de nosotros mismos. Ya nadie proclama quién es. Los cargos esconden los rostros. El miedo esconde los rostros. Todos desfigurados. Nadie dice quién es a nadie. Somos las mariposas de un mal verano. Hemos simulado tener alma sin tenerla en absoluto. Hay días en los que uno se siente un tanto distinto. La tristeza se vuelve tan intensa que se convierte en otra cosa. El derecho a suicidarse debería estar a la altura del derecho a amar.

Llegamos a preguntar para darnos cuenta que no siempre recibíamos respuestas. Luego aprendimos a responder nada más. Cada vez cabe más vida en la palabra ayer. Si uno empezó con dudas, termina el mañana con certezas. 

La existencia un episodio de la nada. La nada es un océano de preguntas sin respuesta.

La poesía debería ser escrita del mismo modo en que se comete un adulterio: a la carrera, con astucia, en un tiempo no previsto. Y entonces llegar a casa, como si nada hubiera sucedido. Somos solamente las heridas del tiempo.

Entienden por “cultura” una composición química regulada e inoculada por el Estado bajo estrechos preceptos ideológicos. Un efecto beneficioso de la pandemia es que ha proporcionado una guía infalible para detectar pendejos: alguien que se niega a usar cubrebocas.

A la izquierda están los que dicen que el neoliberalismo es esencialmente inmoral y no tiende a la justicia; a la derecha, los que dicen que el neoliberalismo es perfectamente moral, porque recompensa los esfuerzos realizados o la creatividad. Ambos están equivocados. El neoliberalismo, que en realidad es uno de los rostros actuales del capitalismo, es amoral, porque no funciona guiado por la virtud, el desinterés o la generosidad.

Algo me sacude la cabeza al enterarme que, en polaco, obrero se dice robotnik. Ella tiene un vocabulario asesinativo, no solo por las palabras que usualmente profiere, sino por el tono y la salpicadura de rencor con que lo hace. Nomás porque estoy aperplejado y no sé cómo, pero tengo elementos de sobra para acusarla de violencia de género.

Yo vivía en un país terrible, corrupto, sanguinario, insostenible. Pero era un país donde el presidente no ocupaba todas las mañanas en desacreditar a la prensa, a científicos, a artistas, a defensores de derechos humanos, a feministas. Un país donde no se pedía lealtad ciega.

Una política sin verdad es una política negada al diálogo. No solamente es el reino de la demagogia sino la cancelación de la posibilidad misma de la convivencia. Cuando no hay asiento para la verdad desaparece cualquier posibilidad de entendimiento.

De hecho, ninguno de estos pensamientos es mío. Sin autor, son de cualquiera.

Arendt: ¿será que la esencia misma de la verdad sea la impotencia y que la esencia misma del poder sea el engaño?

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