Lunes, 13 Enero 2020 00:00

(in) comunicación

Written by Salvador Rangel

En la actualidad es casi imposible no contar con un celular. Se usa para un sinfín de información, traspasos bancarios, comunicación inmediata a cualquier parte del mundo, envío de imágenes en tiempo real, enviar y recibir mensajes, etc.

No hay límite en sus aplicaciones, pero el mal uso de esta tecnología genera problemas de comunicación en la sociedad; se ha perdido el tiempo para hablar en convivencia personal.

Es común ver en los restaurantes que cada miembro de una familia tiene un aparato y no se interrelaciona con los demás; no hay conversación cara a cara. Esta situación crea aislamiento social, una persona puede tener decenas de “amigos” en las redes con quienes se comunica tecnológicamente, pero no le es fácil relacionarse personalmente.

El celular ha transformado la vida familiar y social de las personas, aísla al usuario que tiene su propio mundo; con sus amigos crea códigos que nada más ellos descifran. Pero no nada más es el aislamiento, sino el riesgo de establecer relaciones con personas que no son lo que dicen ser y caer en peligro de extorsiones o mal uso de la información proporcionada.

La tecnología ha llegado a las aulas, es normal que los maestros reciban los trabajos escolares por medio de celular; lo que escribe o dicta el profesor es grabado por los alumnos, pero también genera conflictos. Los alumnos no atienden la clase por enviar o recibir mensajes o entretenerse, y no se puede prohibir su uso en el salón, ya que queda asilado en caso de una emergencia familiar.

Con la tecnología ha disminuido el número de lectores de medios impresos; se recurre a los portales o los llamados blogs para informarse, pero desafortunadamente hay cantidad de falsas noticias que, curiosamente, trascienden más que las verdaderas. Si bien en muchos casos la trasmisión de un video ha permitido detener o detectar a un delincuente, también ha servido a exponer al escarnio público a personas inocentes, ya que el subir un video fuera de contexto genera una reacción negativa.

En un medio impreso existe la posibilidad de saber el origen del emisor de la noticia y así sabemos del profesionalismo de la fuente, pero en la internet es relativamente fácil publicar las llamadas “fake news” y de momento sorprenden al lector; hay que tener sentido crítico para evitar ser víctima o propalador de una noticia falsa, por lo tanto, se debe contrastar la noticia con otros portales para verificar la autenticidad o falacia.

Las noticias falsas provocan desconfianza a los profesionales del periodismo. Hay que reconocer que la publicación de noticias falsas no es algo nuevo, siempre han existido, y hoy en día con los medios tecnológicos se propagan con mayor rapidez. La publicación de noticias falsas tiene la intención de desprestigiar a una persona o institución, no hay que olvidar la cita “de calumnia, calumnia queda”, es decir, a pesar de que se desmienta la información, queda la duda.

La sociedad no había tenido tanta información como en la actualidad, pero eso no significa que estemos mejor informados, lo que plantea que el lector tenga la capacidad de saber distinguir entre la mentira y la verdad, además hay que reconocer que la vigencia de una noticia es efímera; en dos o tres días la noticia más importante es relegada por otra.

Y los nostálgicos consideran que el uso de la tecnología se debe hacer con responsabilidad.

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