Martes, 04 Febrero 2020 00:00

Los invisibles

Written by Salvador Rangel

México se adelantó a todos los demás países del continente americano en la atención hospitalaria de los enfermos mentales.

En 1566 Fray Bernardino Álvarez fundó el hospital de San Hipólito, primero en su género dedicado, cuando abre sus puertas una nueva página se escribiría en materia de salud mental en nuestro país que perduraría no sólo los trescientos años del Virreinato, sino incluso cien años más del México independiente.

De la época prehispánica, hay testimonios fidedignos en el sentido de que los antiguos mexicanos ya identificaban diversas patologías, como la depresión y la epilepsia, entre otras. Así, tanto en el Códice Martín Badiano (1552) como en el relato de fray Bernardino de Sahagún, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España (gracias a sus informantes indígenas), se puede observar una descripción detallada de la cultura autóctona que encontraron los españoles, después de la caída de la Gran Tenochtitlan, en 1521.

Resulta muy interesante el concepto de salud mental que prevalecía en el mundo prehispánico. Los aztecas no atribuían el origen de las enfermedades mentales, a diferencia del mundo europeo de la época, a la mente -ese lugar en el cerebro que perdía la capacidad de discernir y que por lo tanto llevaba a ‘perder el juicio’-; sino al corazón. Yóllotl, era el órgano donde se gestaban las enfermedades mentales, así como el resto de los estados de ánimo.

Curanderos y hechiceros arreglaban el corazón con hierbas y pócimas o con medicamentos de origen animal y mineral. ‘Yollopoliuhqui’ era el enfermo mental, aquel que literalmente había perdido el corazón.

Y en nuestros días cuántas personas, las que deambulan por las calles, habrán perdido el corazón y por ello la razón, son los seres que vemos pero que no observamos, forman parte del paisaje urbano; los evadimos, nos causan miedo, pero algún día ellos vivieron emociones, tuvieron sueños, eran parte de una familia, pero qué fue lo que los hizo perder su lugar en la sociedad.

Historias sobran; algunas reales otras inventadas, pero todos sabemos de un indigente, que deambula por la calle con un morral, como toda propiedad, que si fue víctima de una argucia legaloide que le arrebató sus bienes y perdió la razón y se fue a “vivir” a la calle, o sufrió una infidelidad amorosa y ya no encontró razón a la vida y ahora sólo existe, no vive.

Y a la memoria viene el recuerdo de Perkins, un hombre que convivía con unos alcohólicos en la plaza de la Ciudadela, frente a la Vocacional No. 5 del IPN, a finales de los sesenta en la Ciudad de México; a él acudían los alumnos de la escuela para que les resolviera las tareas de matemáticas, en recompensa recibía dinero.

Dentro de su precaria situación de calle, se veía que había tenido clase, era comedido al hablar, educado, procuraba estar limpio, de acuerdo a las circunstancias en las que se desenvolvía; se decía que era ingeniero y por el dominio de las matemáticas no había duda de ello.

Y la pregunta era, ¿cómo llegó a esa situación?, ¿qué lo orilló al abandono de una situación social?, nunca se supo de alguien que llegara a preguntar por él; se ignoraba de dónde procedía.

Y los nostálgicos comentan, en cualquier momento no saber manejar nuestras emociones nos puede hacer “invisibles”.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Redes sociales

Contacto

Teléfono y fax: 1921200 Ext. 5425
Correo electrónico: tribunadequeretaro@gmail.com