Martes, 25 Febrero 2020 00:00

De espaldas mojadas a ilegales

Written by Salvador Rangel

La migración de mexicanos a Estados Unidos, por diversas causas, siempre ha existido, a finales del siglo XIX se dio por la construcción del ferrocarril en la región central del vecino país y se reinició de manera significativa a raíz de la Segunda Guerra Mundial; había escasez de mano de obra en los campos de cultivo y los agricultores presionaron al gobierno estadounidense para contratar campesinos mexicanos.

El 23 de agosto de 1942, el gobierno de Franklin Roosevelt y el de Manuel Ávila Camacho firman el ‘Programa Bracero’, lo que propició que muchos campesinos optaran por migrar temporalmente a Estados Unidos; entre otras garantías, estaba el pago de transporte ida y vuelta, la actividad laboral sería única y exclusivamente en el campo, se le descontaría el 10 por ciento de su salario, como un ahorro y les sería devuelto a su regreso a México.

Se instalaron centros de contratación en la Ciudadela, en la Ciudad de México, en Irapuato, Zacatecas, Tampico.

Los trabajadores que se “enganchaban” en esos centros de contratación, debían presentar documentos que acreditaran su actividad en el campo, una vez aceptados, después de varios días de estar a la intemperie, eran transportados en carros de ferrocarril hasta la frontera y esperar a ser contratados por los granjeros.

Una vez hecho el papeleo los subían a camiones de redilas y los formaban en fila para desinfectarlos, como ganado, con DDT y otras veces al camión que los llevaría kilómetros y kilómetros, hacinados hasta la granja y alojados en barracas, como cama un catre y como techo lonas.

Las jornadas de trabajo excedían las doce horas diarias, la comida en ocasiones estaba descompuesta, los pagos no correspondían a lo pactado y en varias ciudades eran objeto de discriminación. Este programa es una muestra de la más espantosa violación a los elementales Derechos Humanos.

De manera paralela, surgió el fenómeno migratorio conocido como “espaldas mojadas”, donde operaban bandas de traficantes para “ayudar” a los hombres a cruzar de manera ilegal por el río Bravo, utilizando cámaras de camión o de tractor para llegar a la otra orilla, y los que lograban su cometido se enfrentaban a caminar por el desierto.

Algunos conseguían trabajo, mal remunerado, por ser ilegales y en no pocas ocasiones eran prácticamente esclavos de los granjeros, con la latente amenaza de ser entregados a las autoridades migratorias.

Pero no todos llegaban a la otra orilla; unos morían ahogados, otros eran detenidos, entre 1942 y 1947, doscientos veinte mil trabajadores mexicanos fueron deportados a México. Este drama se refleja en la novela de Luis Spota “Murieron a mitad del río”, 1948, donde uno de los protagonistas acuña la frase: Ser mexicano no es una nacionalidad, sino un oficio. La novela fue llevada a la pantalla en 1986.

Otra película, 1955, que narra las peripecias de un hombre, quien con la ayuda de un “pollero” se interna en Estados Unidos como “mojado” es ‘Espaldas mojadas’, protagonizada por David Silva.

Hoy en día la patrulla fronteriza estadounidense cuenta con tecnología de punta: drones, sensores, cámaras infrarrojas; esto para detectar ilegales que arriesgan su integridad y en ocasiones su vida para lograr “El sueño americano”.

Y los nostálgicos consideran que gobiernos vienen, gobiernos se van y el drama de los “espaldas mojadas” o ilegales cada día es más grave.

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