Lunes, 25 Enero 2021 15:31

Batman asalta el Capitolio (o como el imperio Twitter extiende sus alas)

Written by José Luis Alvarez Hidalgo

¿Cómo se autorregula un ente que no ejerce la autocrítica e impone su visión unidimensional al mundo entero?

Un acontecimiento inesperado por su inaudita violencia simbólica (aunque previsible, porque ya tenía funestos antecedentes) fue la orden imperial de silenciar a Donald Trump, acusado de azuzar a las masas para que tomaran por asalto el Capitolio norteamericano, por una turba enloquecida que trepó paredes, usurpó el trono de la líder camaral y ensució la ficticia democracia estadounidense; fue el hecho culminante que anuncia el fin de una era y la continuidad de la misma.

La opinión pública mundial, esquizoide y paranoica condenó el suceso con un asombro e ira incontenible; por el contrario, festejó a ultranza la censura mediática a Trump como si se tratase del acto más justiciero jamás realizado por entidad alguna, el poder privado que ahora se erige como el único poder y desplaza de un modo altamente peligroso a los poderes públicos, legal y legítimamente constituidos. El mundo al revés.

Es ese poder que han adquirido las grandes corporaciones de telecomunicaciones que ahora dominan el mundo entero, el imperio de Syllicon Valley, California, que basa su poderío en el magnetismo que ejercen en las masas consumidoras y que, con base en sus políticas internas, pretenden enjuiciar despóticamente a quienes las violan y, con ello, justificar la supuesta legitimidad de la medida censora, pretextando salvaguardar el orden y la razón.

Vuelve el debate sobre la regulación o no de la internet, concretamente las redes sociales, ¿o será que el único ente regulador es la propia empresa, Twitter, Facebook, Instagram, Whatsapp… la autoregulación como norma? La deontología informativa plantea que la autorregulación es el mejor camino para conducirse con ética periodística en los siniestros pasillos de la comunicación de masas. Pero ¿cómo se autorregula un ente que no ejerce la autocrítica e impone su visión unidimensional al mundo entero? That is the question… (Shakespeare, dixit).

Estamos frente a un dilema ético con consecuencias insospechadas; en efecto, las redes sociales se asumen como responsables para evitar que circulen los mensajes de odio, de discriminación, misoginia, racismo, homofobia y llamados a la violencia colectiva; de acuerdo, pero ¿pueden estar por encima del poder público, someterlo a su escrutinio, a los dictados de su razón e imponer una sanción ejemplar, así nomás, sólo porque tienen el poder de hacerlo?

Se trata de un poder fáctico, un poder paralelo que hace sombra al poder real, al poder político, al presidente de una nación que fue elegido por su votantes y que ahora debe someterse al arbitrio de un poder supranacional que no tiene regulación alguna. Se inaugura una nueva era, la del nuevo Gobierno Mundial que, además, se trepa en la cresta de la ola de la pandemia para consolidar su poderío, mitigar la soledad de los hombres solos, y hacernos saber que nos son indispensables para “conectarnos” con el mundo de allá afuera, al que ya no podemos acceder. Nos han hecho necesitarlos para comunicarnos a distancia, para dar clases en línea, para usar la plataforma digital y hablar con nuestros seres queridos; la videollamada como símbolo de nuestros tiempos, es la era que está pariendo un corazón podrido, parafraseando a Silvio Rodríguez.

El debate está abierto, incluso AMLO exhibió su molestia y desaprobación por este acto de censura en contra de Trump, lo mismo que la primera mandataria de Alemania, Angela Merker, porque (justamente) logran avizorar los riesgos de que este tipo de acciones se multipliquen y se normalicen con la aprobación de las mayorías y de otros gobiernos.

El propio López Obrador padece en estos momentos otro acto de censura por parte del INE, que le prohíbe referirse, en sus conferencias mañaneras, al proceso electoral que se avecina pues se considera que puede influir en la voluntad de los electores. ¿Será? ¿Y la libertad de expresión? ¿Y el derecho a la información? Será tema de otro debate, Batman.

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