Lunes, 16 Mayo 2016 14:31

El periodismo que alguien no quiere que publiques

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Sanjuana Martínez, periodista libre de América

 

El día que me enteré de la demanda que interpuso la periodista Sanjuana Martínez en contra de la revista Proceso por la violación de sus más elementales derechos laborales, me quedé pasmado; cuando me enteré que también estaba demandada por el chucho perredista Jesús Ortega por un supuesto daño moral (¿se puede dañar moralmente a alguien sin moral alguna?), me puse lívido; pero cuando me informan que los principales dueños de la revista Proceso son María Scherer y su marido, Juan Ignacio Zavala (¡gulp!) y que resulta que es hermano de la Sra. Margarita Zavala (¡recontragulp!), la esposa del expresidente Felipe Calderón, me fui de espaldas y me sorrajé la cabezota.

La anterior acontece en un entorno aterrador para el periodista crítico, libertario e independiente en el país. Son 113 los informadores que han sido asesinados desde el año 2000, 20 de ellos en la administración de Peña Nieto. Además, en los primeros tres meses de 2016, se reportaron 69 agresiones en contra del gremio, según datos recabados por Ana Ruelas, de la organización Artículo 19. Esto no para ahí, la organización Amnistía Internacional (AI), denunció este 3 de mayo, día de la conmemoración, que los periodistas del mundo han sido víctimas del acoso, amenazas e intimidación en un intento de amordazar la libre expresión y señaló a México como uno de los países en que más se persigue a los comunicadores, junto a Camerún, China y Turquía, entre otros.

Anna Neitat, directora de AI para la investigación, dijo que “periodistas en todo el mundo son objeto de detenciones arbitrarias, prisión, tortura y otras formas de abuso. Están encarcelados e incluso muertos por hacer preguntas que inquietan a las autoridades”. Esta última aseveración es la razón para que miles de periodistas sean perseguidos en todo el mundo, simple y llanamente por “inquietar” al poder. Lo pudimos constatar con el cobarde asesinato del periodista Francisco Pacheco Beltrán, en Taxco, Guerrero, hermano de nuestro colega, Eric Pacheco Beltrán, quien dirige con aplomo y profesionalismo el semanario Libertad de Palabra.

Citando a George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques, todo lo demás es relaciones publicas”, frase contundente y veraz que encaja perfectamente con la sentencia de Anna Neitat cuando dice que se persigue a los periodistas que hacen preguntas inquietantes. Lamentablemente, en Querétaro, la prensa local comercial no hace periodismo, a lo que siempre se ha dedicado y lo hace con toda pulcritud y eficacia es a las relaciones públicas, tal y como lo describe Orwell. Las cuales consisten en cultivar una relación afectuosa, mutuamente complaciente y zalamera con las cúpulas del poder político y económico en todos los frentes.

El caso emblemático lo acabamos de vivir el pasado 1 de mayo, en el desfile conmemorativo del Día del Trabajo, cuando el gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez, huyó del templete junto con su comitiva al ser incapaces de resistir las airadas protestas de una clase trabajadora mancillada y violentada en sus derechos laborales más elementales. La cobertura periodística que pudimos observar al día siguiente fue vergonzosa: las notas que se publicaron en la mayoría de los diarios locales daban un mayor espacio y un énfasis especial a las declaraciones del gobernador, de su gabinete, de los líderes sindicales charros y de la clase política en general.

En los diarios consultados: El Universal, Diario de Querétaro y Noticias, de modo especialmente amarillista este último, se condenaban los hechos de manera exaltada y con una mirada intolerante y persecutoria digna del peor estado fascista. Lo peor de todo es que los medios locales amplificaron la voz de los poderosos ofendidos y ultrajados por las protestas de los trabajadores, de tal modo que semejaban ser los voceros oficiales del régimen. Sí, son expertos en cultivar relaciones públicas, pero sólo con el poder y para pisotear al pueblo trabajador.

Ahora que nos enteramos que la revista Proceso, uno de los pocos baluartes de la prensa libre que quedan en México, está en manos de un papanatas represor y vendido como Juan Ignacio Zavala y de la traición histórica de María Scherer a la memoria de su padre, al escatimarle sus legítimos derechos a la periodista Sanjuana Martínez, no podemos menos que sentirnos indignados, desconsolados y huérfanos en un mundo en el que se cierran las puertas al único periodismo que debería existir: el periodismo de la verdad y las preguntas inquietantes, el periodismo que alguien no quiere que se publique.

 

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