Lunes, 29 Julio 2019 00:00

Los mal portados

Written by José Luis Álvarez Hidalgo

 

“Todos los buenos periodistas de la historia, como Zarco y Flores Magón, han apostado a las transformaciones”

AMLO

 

El mundo periodístico se ha dividido en dos, de los bien portados y de los mal portados, según declaraciones del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en la conferencia mañanera del pasado martes 23 de julio. Las aseveraciones anteriores fueron dirigidas a la revista Proceso, a la que le endilgó el enunciado de que “no se portó bien con nosotros y por eso ya casi no los leo”. Además, mencionó que es muy común decirse independiente y no tomar partido, sino sólo analizar y criticar la realidad, pero no hacer nada para transformarla. También señaló que el periodismo editorializa para afectar las transformaciones. El reportero interpelado, Arturo Rodríguez, respondió que editorializar también es tomar partido y si solamente quiere que se editorialice en favor del primer mandatario, eso no corresponde. Hasta aquí la reseña.

Lo descrito anteriormente, abre un debate muy pertinente en torno al papel del periodismo en los tiempos actuales. Sabido es, que este debate no es nuevo y que, incluso, tiene reminiscencias que datan del siglo antepasado en nuestro país y que no sólo tienen que ver con los periodistas que mencionó AMLO, Zarco y Flores Magón, sino también con gente de la talla de El Nigromante y, más a modo, con el periodista norteamericano John Reed quien con sus excelentes crónicas y reportajes sobre la Revolución Mexicana -como la emblemática México Insurgente- abrió una gran discusión en torno al periodismo militante, es decir aquel que está comprometido con una causa y práctica del ejercicio periodístico en aras de consumar ese proyecto de transformación social.

La otra postura la conocemos bastante bien y no tiene que ver, precisamente, con el valor de la objetividad, que el periodismo moderno ya considera, además, un concepto caduco; sino con la finalidad esencial de la prensa libre: investigar, informar, cuestionar, contrastar, vigilar e incluso, confrontar, el ejercicio del poder y de quien lo ejerce. Entonces, la gran pregunta es: ¿cuál es el verdadero periodismo? ¿Hay un solo ejercicio periodístico válido? ¿Es legítimo que siga existiendo un periodismo militante o resulta una aberración en los tiempos que corren? O, me atrevo a preguntar, ¿es posible que ambas fórmulas se puedan conciliar para crear un nuevo periodismo?

El debate tiene que ser sensato, además de sano y necesario. Hay experiencias recientes que vuelven a colocar el tema en el tapete de la discusión y la discrepancia; por ejemplo, el ejercicio periodístico de gente como John Ackerman y Sabina Berman quienes, además, producen un programa televisivo de corte periodístico en Canal 11, que ha generado toda clase de polémicas, justamente porque hay quienes consideran que se trata de un programa panfletario a favor de la 4T, aunado a sus propias colaboraciones editoriales, precisamente en la revista Proceso, que está en el ojo del huracán.

El mismo Ackerman defiende el periodismo militante al señalar los riesgos de quienes lo practican: “(…) cualquier académico o periodista que se atreva a defender abiertamente una causa social o participar directamente en algún social es descalificado inmediatamente por ser un supuesto propagandista o activista”. Por supuesto, está hablando de él.

Hay dos cuestiones que me inquietan; en primer lugar, el nivel de confrontación del compañero presidente con varios medios de comunicación a los que él tacha de prensa fifí y en donde el periódico Reforma ocupa el lugar de honor. Está confrontado con la prensa de la derecha, Milenio, El Heraldo, El Universal, la revista Etcétera, y en muchas estaciones de la radio privada (curiosamente en Televisa y TV Azteca, no ocurre lo mismo). Ahora se confronta con la que entonces caracterizábamos como la prensa de izquierda y en la que Proceso ha jugado un papel esencial desde su misma fundación en 1976.

El otro punto que me incomoda es que, justamente esa prensa de la derecha recalcitrante, no suele ser cuestionada con el mismo rigor que los dichos y reyertas que AMLO sostiene con ese mismo sector de la prensa mexicana, lo que a todas luces, representa una injusticia mediática de gran envergadura. Luces y sombras en este gran circo mediático.

En tierras queretanas, ocurre un fenómeno muy singular al respecto. Ahora resulta que un medio crítico e independiente como lo es nuestro semanario Tribuna de Querétaro, es objeto de una demanda judicial por parte de un exlíder juvenil del PRI, Alberto García Hernández, quien se dice afectado por una nota informativa a cargo del reportero Alan García, y que le ha provocado un daño patrimonial muy severo. El problema es que no corrobora su dicho con pruebas fehacientes y, lo más grave, el hecho de que un medio de comunicación se vuelva vulnerable ante una afrenta de carácter legal que pone en riesgo su propia labor informativa y la libertad de expresión que siempre le ha caracterizado.

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