Viernes, 26 Marzo 2021 00:01

Vacunación en Tequisquiapan: la esperanza de que la pesadilla acabe

Escrito por: Nadia Velázquez Moreno

¿La vacuna es una esperanza? Y Adriana responde: “sí, para mí la vacuna representa eso”.

Se puso en marcha la aplicación de la vacuna en el municipio de Tequisquiapan. Desde las 07:00 horas del miércoles 17 de marzo comenzaron a formarse personas de todas las edades para apartarle un espacio a sus adultos mayores. A lo largo del día, en el Centro de Desarrollo Comunitario (CDC), se llegaron a ver filas de hasta 100 metros con personas que tienen la esperanza de mejorar una vez que toda la población esté vacunada.

Para Adriana, el tema de la vacuna ha implicado un debate familiar. Cuenta que, al principio de la pandemia, cuando veía información en redes sociales, creía que era falso. Después, su perspectiva cambió cuando su sobrino se enfermó de COVID-19; para cuando comenzó a tratarse ya era tarde y falleció. Su madre (la prima de Adriana) murió quince días después, ya que era la única que cuidaba de su hijo y también se contagió. “Es entonces cuando dices, sí es, sí existe.”, aseguró.

Adriana estuvo dispuesta desde el principio a ponerse la vacuna, pues ella tiene la esperanza de que las cosas mejoren; principalmente en el ámbito económico, pues su familia se vio directamente afectada cuando tuvieron que mantener un horario más reducido en su tienda de abarrotes.

Ella se encuentra preocupada porque su esposo no quiere ponerse la vacuna, ya que desconfía de la inoculación. Esta decisión ha ocasionado discusiones entre su marido y sus hijos, quienes siguen intentando convencerlo aunque no haya asistido este primer día de vacunación, ya que aún tiene oportunidad de asistir.

En cuanto a la aplicación de la vacuna, Adriana cuenta que se sintió muy bien y que valió la pena esperar pues, aunque considera que hubo desorganización, ella afirma que se hubiera quedado el tiempo necesario para esperar su turno. Reconoció que las personas que les atendieron fueron muy amables, a pesar de que había mucha gente y aún había información que tenían que recolectar. Un integrante del equipo de la Secretaría de Bienestar informó que el desfase de horarios de atención se dio porque habían tenido problemas con el enfriamiento de la vacuna.

La señora Enriqueta (de 84 años de edad) acudió gustosa a recibir la aplicación de la vacuna, pues ella presume de ser una persona que siempre ha cumplido y ha mantenido en orden sus cartillas de vacunación. Platica que a inicios de este año fue a ponerse la vacuna contra la influenza en compañía de su esposo; sin embargo, en esta ocasión le tocó ir sola, hubieran ido juntos, pero él falleció hace unas pocas semanas.

Por su parte, para ella no ha sido difícil acatar las medidas de sanidad durante la cuarentena, pues está acostumbrada a estar en casa y solo salir a la tienda que está cerca de su domicilio y comprar algunas cosas para su vida diaria. A pesar de ello, identifica que hay personas que están acostumbradas a otro ritmo de vida y para ellas ha sido más difícil.

Con respecto al proceso de la aplicación de la vacuna, percibió una actividad ordenada. Daban acceso al interior de las instalaciones del CDC por colonias, barrios y comunidades. Comenta que durante la espera varias personas le ofrecieron ayuda para que entrara pronto y una señorita le prestó una silla. Después, cuando llegó su hijo para acompañarla, se acercó un señor y se la llevó para que no tuviera que hacer fila, pues les dieron prioridad a los adultos con mayor grado de vulnerabilidad, como aquellos que llevaban andadera o silla de ruedas.

Una vez en el interior, los colocaban en sillas más separadas y los orientaban para llenar lo que faltara en sus formularios, aplicarles su vacuna y comentarles el procedimiento para ir a la aplicación del refuerzo.

Para Austreberta (de 90 años aproximadamente) fue algo similar. Ella está acostumbrada a salir y realizar actividades con sus compañeras. Dice que nunca dudó de aplicarse la vacuna, pero que tiene conocidas que no quieren ponérsela. Le preguntan que para qué va, si ella no se ha enfermado y ella responde “pues precisamente porque no me ha dado”.

Del mismo modo, considera que el tiempo que esperó su turno para ponerse la vacuna fue justo y que valió la pena: “como traigo la silla de ruedas todos me dan paso, como si partiera plaza.” Ella espera que para el momento en que toda la población esté vacunada ya no haya más decesos, pues ha tenido experiencias con personas cercanas y conocidos.

Piensa que la pandemia ha llegado inesperadamente para cambiar la vida: “Nos cambió la situación económica y moralmente, porque hemos tenido en la familia también decesos. A un primo le dio a toda su familia y él se murió por atenderlos a todos.”

Las tres mujeres opinan que es necesario ponerse la vacuna para cuidar su salud y de aquellos que las rodean. Estuvieron seguras desde el momento en el que pudieron hacer su registro y ahora esperan que la población acuda y así la situación mejore de a poco para comenzar a retomar sus vidas.

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