Lunes, 08 Marzo 2021 00:00

Democracia y paridad de género: más allá de una reforma

Escrito por: Fabiola Juárez Lugo

El que se haya que tenido que luchar por el sufragio femenino, por la incorporación de la mujer en los puestos de toma de decisión, que se haya tenido que establecerse en la ley para que se cumpliera, ilumina una de las principales falacias de la democracia.

Hablar de género y democracia es cada vez más necesario. Los diversos movimientos feministas, cada vez más efervescentes en toda Latinoamérica; las consignas en pos de despenalizar el aborto, la adopción de las cuotas de género y el preocupante aumento de los casos de feminicidios y violencias de género; demuestran la urgencia de replantearse la relación entre la categoría del género y el sistema democrático.

El que se haya que tenido que luchar por el sufragio femenino, y posteriormente por la incorporación de la mujer en los puestos de toma de decisión; y que además haya tenido que establecerse en la ley para que se cumpliera, ilumina una de las principales falacias de la democracia: la igualdad entre los ciudadanos y ciudadanas.

Aquel que niegue la existencia de la opresión de la mujer y las dificultades que tiene el género femenino para acceder al poder, y pueda implementar proyectos que reduzcan las desigualdades a las que se enfrentan particularmente las mujeres, se ha perdido una gran parte de la historia de la humanidad.

Hoy en día, a pesar de que existe una reforma en paridad de género que exige una conformación paritaria en las instituciones del Estado, estamos lejos de lograrlo.

Diversos obstáculos, como el aumento de la violencia política en cuestión de género y las grandes lagunas legales en torno a la prevención y sanción de esta violencia, la permanencia de esquemas misóginos y patriarcales en la sociedad que merman la participación política de las mujeres; y el limbo que representan la reglamentación y aplicación de esta reforma en los partidos políticos y su carente transparencia en su democracia interna, obscurecen los resultados de esta reforma; e invitan a pensar en las verdaderas intenciones de estos cambios (¿será que realmente se busca una reducción de la desigualdad en temas políticos, o solamente se busca legítimar al sistema?).

A pesar de todos los obstáculos, muchas mujeres valientes alrededor del país han sabido capitalizar las pequeñas oportunidades que otorga esta reforma. Cada vez más mujeres activistas y con una trayectoria de lucha social incansable están accediendo a candidaturas y puestos políticos a lo ancho y largo del país. Además, las colectivas y organizaciones han podido empoderarse y formar redes para realizar campañas en contra de inciativas que no solo afectan los derechos de las mujeres, sino también de otros grupos vulnerables. Los mecanismos de participación ciudadana formales, como plebiscitos e iniciativas ciudadanas de ley, así como los informales (manifestaciones, performances) son cada vez más utilizados y difundidos alrededor del país.

Cientos de proyectos comunitarios de empoderamiento y educación cívica y política hacia mujeres en situación de vulnerabilidad han florecido en los últimos años, formando ciudadanas activas y conscientes de sus derechos y obligaciones.

Estas acciones, así como muchas otras más, nos recuerdan que la democracia va mucho más allá de reformas legales y políticas públicas; que el verdadero cambio hacia un mundo más equitativo se construye desde las escuelas, las cárceles, la calle y los pueblos.

Son todas estas mujeres las que inspiran día con día a las nuevas generaciones, las que nos demuestran que existe la esperanza en un mundo hostil para cualquiera que salga de la lógica capitalista patriarcal.  Y son las que nos demuestran que no basta una reforma. Necesitamos la revolución.

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