Lunes, 08 Marzo 2021 00:00

La vestimenta

Escrito por: Concepción JG

Prefiero verte con tu falda larga y floreada, haciendo juego con una blusa  de seda con botones en frente, y esos zapatos pequeños y  gastados de tanto caminar de la iglesia a tu casa, de la casa a la tienda, de la tienda a la iglesia.

Estás tan silenciosa que me inspiras ternura, en esta casita que has habitado la mayor parte de tu vida, donde se desvaneció tu juventud.

—¿Qué haces allí dentro? ¿Qué haces acostada en pleno día? si tu paso siempre fue rápido, yendo de un lado a otro con tanta prisa como si la vida no te alcanzara para terminar tus quehaceres.

Vine en lunes, es extraño iniciar la semana así, pues habitualmente te visito los sábados. Pero hoy es un día excepcional y diferente, por eso estoy aquí. Hoy no te traje comida, tus tacos de barbacoa o el bistec para preparar, pues di por hecho que no tendrías hambre, así que no pase a comprarte nada. Además de la comida, me falta algo. Me falta el aliento y la sobriedad para mirarte a los ojos, esos ojos café claro que reflejan tantos años de vivencias.

—¿Cuántas cosas vieron tus ojos? ¿Cuántas lágrimas derramaron? ¿Cuántas veces se cerraron para disimular el sufrimiento?

Así están en este momento, cerrados. Y qué bueno que los tengas así, para que no mires lo que hacen esas señoras con tu cuerpo. Tus nueras, hijas y nietas se esmeran en colocarte un vestido blanco y un velo azul en la cabeza. Para mi gusto, es un vestuario simple y lúgubre. Prefiero verte con tu falda larga y floreada, haciendo juego con una blusa  de seda con botones en frente, y esos zapatos pequeños y  gastados de tanto caminar de la iglesia a tu casa, de la casa a la tienda, de la tienda a la iglesia.

Me gusta observar tus delgadas y blancas trenzas, y los aretes siempre tan largos con piedritas de colores. En ocasiones pensaba que en cualquier momento  reventarían tus orejas, pues cada vez el peso de los aretes estiraba tu piel.

Olvidaba mencionar tu impresionante piel, con tantas arrugas que han logrado disimular todas las cicatrices que son producto de las innumerables golpizas propinadas por tu esposo y algunos años después, por las constantes caídas que tenías porque tu cuerpo perdía el control debido al alcohol que habías consumido.

Estas mujeres que te están vistiendo han olvidado colocarte un rebozo ¡es increíble que no lo hayan hecho! El rebozo es parte de ti, haga calor o frío siempre ha estado sobre tu cabeza, creo que es una manera de proteger los recuerdos que alguna vez te hicieron feliz.

Estoy de pie en la entrada de tu recamara, observando indignada lo que hacen contigo. Lo que más me molesta, es que  juntaron tus manos y las colocaron sobre tu pecho, atando las muñecas con un cordón blanco.

¡Pero qué estupidez es ésta! Lo que menos necesitas en este momento son ataduras, pues esas las has tenido cada día de tu vida. Necesitas libertad,  la misma que te robaron en el momento de casarte, o tal vez desde mucho antes, quizá desde que naciste, solo por el hecho de ser mujer.

Y con esta vestimenta estás lista para hacer tu último viaje. Creo que es un buen momento para ti porque hay casa llena, vinieron tus familiares cercanos y lejanos, los mismos que  dejaron de visitarte hace muchos años porque su propio egoísmo y soledad los absorbió.

Todos observan tu lecho y tu cuerpo tan delgado, cantan y emiten rezos que para mí no tienen sentido. Hoy lloran porque te vas, porque ya no estarás aquí. Pero ¿alguna vez lo estuviste?

La enfermedad y la vejez termino con tu vida, pero yo lo siento como si cada día hubieran arrebatado un poco de ti, de tu cuerpo y  tus ideas. Callaron tus palabras, oprimieron tu felicidad. El patriarcado enterró la libertad de una mujer más, y hoy, hoy sólo recuperamos tu cuerpo para sepultarlo.

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