Lunes, 15 Marzo 2021 00:00

Regulación de la mariguana y performance derechista

Escrito por: Alonso V. Moyers

Desde principios del siglo XX, el consumo de la marihuana se ha asociado a cierta moralidad: la fuman los vagos. El reduccionismo (clasista, desde luego) es convenenciero; depende a quién o qué se quiera representar. No es infrecuente; por ejemplo, que los moneros de la derecha caricaturicen a los mariguanos: estudiantes que protestan (si son de Ayotzinapa, mejor), militantes de la izquierda o profesores de alguna universidad pública, mariguana acompañada por una camiseta o afiche del Che Guevara, cabello largo y un aparente estilo de vida improductivo. Con ello, se construye la imagen facilona que deslegitima los motivos de aquellas y aquellos: no son estudiantes, profesores o militantes reales; son vagos, pues. La gente de bien no hace eso.

Durante los meses de mayor popularidad de Hugo López Gatell, en redes sociales circuló una nota (o algo parecido) que daba cuenta del comportamiento del funcionario en su juventud. Además del cabello largo, al estudiante López Gatell (según la nota) gustaba de fumar mariguana.

En la discusión para regular su uso, la semana pasada una diputada hacía eco de los miedos y representaciones que se tienen sobre el consumo. Colérica, afirmó que tres mordidas a un pastel de chocolate, con 50 miligramos de mariguana, bastaban para que una persona pudiera tener “un viaje” de hasta cuatro días “¡Eso es lo que quieren!”, dijo.

Ese performance es el trasfondo de la criminalización. No es accidental: gobiernos, legisladores (as) y quienes reproducen ese discurso conocen los efectos de la prohibición; los viajes —más largos de cuatro días— que han padecido jóvenes (pobres, en su mayoría) que son atrapados con un “churro” por ministerios públicos y juzgados. En realidad, lo desean: los mariguanos/as son facinerosos.

En el extraordinario “Last Call. The rise and fall of prohibition”, David Okrent cuenta cómo el movimiento moralizador que buscó (con éxito) reformar la Constitución de los Estados Unidos para prohibir el consumo de alcohol, se acompañó de la performativización de la moral abstemia. No es necesario recordar el fracaso del prohibicionismo y la forma en que abrió la puerta a mercados negros y violencia.

Esa performatividad, además, se repite con relación a varios temas; algunos son agenda pendiente, por cierto. En medio de las protestas feministas, un partido político aprovechó el yerro del gobierno federal que decidió instalar vallas metálicas para proteger Palacio Nacional. Como respuesta, las feministas pintaron las vallas con los nombres de las mujeres asesinadas y mostraron algunas consignas con reflectores. El partido en cuestión retomó las consignas, pero dejó una fuera: la legalización del aborto. La derecha se ha abierto paso por la historia política con el código penal por delante.

Redes sociales

Contacto

Teléfono y fax: 1921200 Ext. 5425
Correo electrónico: tribunadequeretaro@gmail.com