Martes, 20 Abril 2021 01:14

La única candidata que podría salvarnos del desastre

Escrito por: Carmen Vicencio*

Cada 22 de abril se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, con el propósito de concientizar a la humanidad sobre la contaminación y otros problemas ambientales. 

No necesitamos esperar al Día internacional contra el cambio climático (en octubre) para reflexionar sobre el tema. Basta sentir el calor agobiante, presenciar los incendios forestales que se desatan por doquier, seguir encerrados por la pandemia, y reconocer los mil negocios que caminan a la quiebra.

En el plano doméstico, el exceso de calor, (aunado a las frustraciones por el encierro, la pérdida del empleo o del propio negocio, el temor al contagio, etc.) genera pésimo humor, que se traduce, no pocas veces, en violencia intrafamiliar y divorcios.

Las pudientes trasnacionales sacan provecho de la situación, como las grandes farmacéuticas o las empresas del ‘capitalismo verde’, que pretextan vender energías limpias, o los bancos y aseguradoras, que suelen aumentar mágicamente sus ganancias en tiempos de crisis.

Los gobiernos, en su última etapa, aprovechan para amarrar jugosos negocios (construyendo más puentes o prometiendo segundos pisos, para no tener que resolver el problema del transporte, y autorizando cambios de uso de suelo a las grandes plazas comerciales).

En el ámbito político crecen nuevos partidos que se enfrascan en  guerras sin cuartel, desprestigiándose mutuamente, con especial ferocidad en tiempos electorales. Todos alegan que “ya estamos hartos de la politiquería de siempre” y que la opción que ellos proponen “será radicalmente distinta”, sin reconocer que esa promesa es falaz, pues para cumplirla, habría que desmantelar el actual modo de producción (¡!).

El mercado de la política se vuelve farsante, cuando los candidatos insisten en que ellos participan “para servir al pueblo” y esa “noble misión” puede realizarse “en el partido que sea”; por eso se vale brincar de uno a otro. No importa si determinado candidato tiene o no una historia de lucha por las causas populares; lo que importa es que gane su partido (o pierda, si así lo decide esa cúpula invisible, que reina por encima de la democracia).

“Gane quien gane, lo único seguro es que todos perderemos”, comentó un amigo que se muestra desconcertado con tanto brinco y sin saber por quién votar.

Antes pensábamos que los partidos políticos se crearon para fortalecer la democracia; para hacer valer un proyecto de nación sobre otros; para generar debates sobre diferentes opciones posibles; para mostrar qué estrategia sirve mejor al bienestar del pueblo; para darle, en fin, cierto rumbo al país (no sólo para llegar al poder). Ahora, cuando los partidos políticos se vuelven agencias mercantiles que no dan ningún servicio a la población, sino  sólo jugosos empleos a sus miembros, el debate se suple por jingles o frases publicitarias, dirigidas a mover las vísceras, no el pensamiento.

Una de esas frases me parece especialmente sorprendente: “Que todo México sea como Querétaro” (¿De veras?)

Mientras esto sucede, un amigo me envía fotos del estado lamentable en que se encuentra Carrillo Puerto, donde ambos vivimos, aquí en Querétaro. No las necesito pues las recorro todos los días. 

Ese pueblo (no colonia), recordado por los ancianos como un gran vergel (por sus milpas, huertas y norias y campos de flores), pudo haber sido ‘patrimonio cultural queretano’ por su historia, sus músicos, sus tradiciones y sus capillas virreinales. Hoy, es uno de los lugares más ricos para la industria y el mercado y, a la vez, más miserables para su gente, pues cuando los gobiernos centrales “buscaron el progreso” y decidieron abandonar el campo, Carrillo Puerto se convirtió en el lugar más contaminado del Estado, sucio, oscuro y hacinado; con calles sin urbanizar y sin mantenimiento por décadas y con un tránsito desquiciado por sus camiones de alto tonelaje; sin alumbrado público, sin drenaje ni agua potable, ni banquetas ni árboles; en lugar de parques y jardines: baldíos repletos de basura.

Para colmo, además de las industrias, la tierra de Carrillo está siendo asfixiada por colosales planchas de cemento de groseras plazas comerciales y fabulosos puentes, que agravan el calentamiento global.

Para creer en los partidos que hoy nos ofrecen maravillas para Querétaro, tendrían que demostrar una historia de compromiso efectivo con la única candidata que puede salvarnos del desastre: La Madre Tierra.

*Miembro del Movimiento por una Educación Popular Alternativa (MEPA)

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Redes sociales

Contacto

Teléfono y fax: 1921200 Ext. 5425
Correo electrónico: tribunadequeretaro@gmail.com