Domingo, 03 Septiembre 2017 19:00

Señal de alarma

Escrito por: Daniel Muñoz Vega

El tema de la inseguridad tiene matices, se analiza con la parcialidad que le conviene al estado, porque si matan a alguien en Bolaños o en Las Américas (como sucedió en el mes de junio en un problema entre vecinos) las autoridades dan a entender que es parte del problema de erosión social, pero cuando las balas tocan los vecindarios de la clase media, los focos rojos se encienden, más no para alarmarse según nos da a entender el gobernador. El tema es visto con la óptica de quien busca mantener la imagen del buen gobierno por encimita.

Querétaro ha tenido un crecimiento exponencial y con ello crecen los problemas. Querétaro tuvo por mucho tiempo la imagen de una entidad blindada contra el crimen. Una ciudad donde no se pasaba del robo a casa habitación y cristalazos en el Centro. La queretanidad hablaba sin saber: “Aquí viven las familias de los narcos” era la oración favorita del queretano para garantizar, por lo menos de manera mental, su tranquilidad, “por eso aquí es tierra neutral”, agregaban. Y realmente no sabemos nada, simples especulaciones para ir creando nuestra propia realidad para construir nuestra cotidianidad, no sabemos nada de las formas como se negocia con el crimen y las formas como se opera. Lo que sí, es que llevamos dos años rompiendo nuestras propias fantasías por el impacto de lo evidente: asaltos, balaceras, desigualdad social, corrupción, crecimiento desordenado… el apocalipsis urbano al que está condenado cualquier sociedad de consumo.

La seguridad es un tema trascendental, un tema de percepción que le permita a la gente vivir con tranquilidad. El crecimiento —y más de la forma tan desordenada como se ha dado aquí— trae consigo problemas. Ya no somos la sociedad que hacía un pequeño orificio a la puerta de la entrada para sacar un alambre para que cualquiera entrara a nuestra casa, y es que antes, se entraba a la casa del vecino sin tocar, simplemente jalaban el alambre y la puerta se abría, y los que vivían adentro no pensaban que se los iban a joder.

La seguridad también tenía que ver con ese espíritu de colectividad porque antes los vecinos no eran extraños, ahora convertimos nuestras casas en minialmoloyas con cercas eléctricas, cámaras de seguridad y alarmas. ¿Qué nos pasó? Hemos adoptado el individualismo como forma de vida.

Y la colectividad cibernética funciona poco, no la critico porque da sus frutos, ahora simplemente nos limitamos a compartir el video del ladrón o compartimos la foto de las placas del carro involucrado en el asesinato de Candiles. A eso se limita nuestra colectividad y a compartir que se necesitan donaciones de sangre.

El tema de la seguridad tiene que ver con estrategias gubernamentales, con generar un espíritu colectivo, con la prevención, con el trabajo con adolescentes, con políticas públicas que ayuden a encontrar oportunidades, con el mejoramiento de la calidad de vida, no simplemente bajo la visión de policías y ladrones. Es un tema de política social y ahí habría que decirle al gobernador que la cosa sí está para alarmarse.

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