Lunes, 10 Septiembre 2018 00:00

Morena Querétaro

Escrito por: Daniel Muñoz Vega

No hay duda que Andrés Manuel López Obrador es la figura política más importante de la historia contemporánea de México, el historiador Lorenzo Meyer dice que la más importante desde Francisco I. Madero. El sistema electoral mexicano, con todos los defectos que pueda tener, se ha convertido en la válvula de escape necesaria para mitigar los ánimos de una sociedad cansada de la corrupción, la violencia y la injusticia. El contexto político, social y económico actual del país, más el diagnóstico dado por López Obrador en los últimos 18 años (cabe destacar que su discurso es casi el mismo en todo este tiempo), suscitaron el último resultado electoral, arrasando en las urnas con un 53 por ciento de los votos para la elección presidencial.

El éxito electoral de López Obrador ayudó a que en lo local hubiera un repunte importante, ya que en la próxima legislatura Morena tendrá siete diputados, cosa que jamás logró el PRD en la entidad. Ahora bien hay que analizar la coyuntura; el crecimiento en el número de votos y las posiciones políticas ganadas son parte del momento preciso —crisis nacional, crisis política en el municipio de Querétaro, liderazgos— más no reflejan la madurez de Morena como partido político, sin embargo, lo sucedido creó un cuadro político importante de cara al futuro: Gilberto Herrera Ruiz, senador de la República y futuro coordinador estatal en sustitución de los delegados federales en Querétaro.

Morena rompió con el bipartidismo del estado, dejando al PRI como tercera fuerza política y prácticamente borrado de cara al futuro. Hay que analizar que Morena padece la propia naturaleza de la izquierda en la cultura política mexicana; a diferencia del PRI y del PAN, es un partido con fracciones mucho más marcadas que paradójicamente, eso le da vida institucional. Antes de la elección de julio de 2018 se vieron dos grupos disputando el poder hacia adentro. El controlado por Sinuhe Piedragil junto con Carlos Peñafiel y Ángel Balderas, grupo que tiene el control del partido, ungidos por la presidenta y secretaria general de Morena: Yeidckol Polevnsky Gurwitz.

El otro grupo, es el disidente, los que tomaron las instalaciones de Morena en noviembre de 2017, señalando al grupo de Piedragil de poca transparencia, de acuerdos “en lo oscurito”, de corrupción. Las fracciones dentro de la vida política de los partidos son normales, pero en el caso de Morena y por sus logros electorales en el estado —además de la naturaleza de la propia izquierda— se entiende que tendrán que venir otras fracciones que luchen por posiciones de poder, y esto hará que difícilmente Morena logre una vida estable. Igualmente se puede dar el caso de un fraccionalismo institucionalizado para bien del partido, pero la propia historia de los partidos de izquierda escriben lo contrario.

Los resultados electorales por una parte son positivos pero por otra se exagera ese optimismo. Sí, siete diputados no es cualquier cosa, pero a nivel de las alcaldías no hubo triunfos importantes, apenas Ezequiel Montes y la elección está en los tribunales. Adolfo Ríos, en Querétaro no quiso dar el último empuje a la campaña y hoy trata de ganar en la mesa. El crecimiento de Morena en la elección de 2018 se debe más y principalmente por la conjugación del carisma de López Obrador y por el esfuerzo individual de algunos candidatos. Del grupo que tiene control del partido, el de Piedragil, ninguno de los protagonistas estará en posiciones de poder. Excepto Gilberto Herrera, pero hay que señalar que él no es un cuadro de militancia.

La dinámica al interior de Morena como partido político estará marcada por la tensión de los dos grupos que figuran en su escenario (más los nuevos que se vayan creando). Más allá de los pleitos internos, hay un personaje que es el gran ganador de lo sucedido el 1 de julio: el senador Gilberto Herrera. Ajeno al partido, logra entrar como senador, además que el presidente electo, López Obrador, ya lo anunció como el coordinador para el plan nacional de desarrollo en la entidad.

Ahora bien, Gilberto será el encargado de revisar que los recursos federales se apliquen y tendrá que haber una comunicación entre él y el gobierno del estado, y lo que la lógica nos dice, es que el protagonismo que tendrá lo irá perfilando como una carta seria para contender por el gobierno del estado en 2021, habrá que esperar los primeros tres años de gobierno de López Obrador y los resultados que arrojen los tres años restantes de Francisco Domínguez.

El papel de Gilberto Herrera irá más allá de ser el coordinador estatal designado por el ejecutivo federal, se irá posicionando como el contrapeso, el antagónico, a lo que vaya sucediendo en la casa de la Corregidora. Lo demás, lo que pasé dentro de Morena en Querétaro, será lo normal de un partido inmaduro que goza la euforia por el resultado electoral del pasado 1 de julio.

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