Miércoles, 30 Octubre 2019 00:00

América del Sur, ¿un nuevo ciclo?

Escrito por: Ángel Balderas Puga

Durante los años 70 y 80 del siglo pasado, América del Sur vivió una larga pesadilla de dictaduras militares derivadas de golpes de estado dirigidos contra gobiernos legítimamente electos, desde las grandes potencias como Brasil y Argentina a países más pequeños como Ecuador, Uruguay y Paraguay.

Poco a poco regresó la luz. Nuevos vientos recorrieron el sur de nuestro continente al ser elegidos gobiernos antineoliberales o al menos no neoliberales radicales.

El ciclo inicia con la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela en 1999. Posteriormente, en 2003, llegan a la presidencia Lula da Silva en Brasil y Nestor Kirchner en Argentina. En 2006 son electos como presidentes Evo Morales en Bolivia, Michelle Batchelet en Chile y Alan García en Perú. Luego es el turno de Ecuador, con la elección de Rafael Correa en 2007. En 2008 llega a la presidencia de Paraguay, Fernando Lugo. En 2010 llega a la presidencia de Uruguay, José Mújica.

Los vientos renovadores llegaron a Centro América con la elección en 2006 de Manuel Zelaya, en Honduras; de Daniel Ortega en Nicaragua, en 2007: de Álvaro Colom en Guatemala, en 2008; y de Manuel Funes en El Salvador, en 2009.

A los anteriores países se habría agregado el nuestro, si PAN y PRI no hubieran cometido el fraude electoral más documentado de la historia, en contra de Andrés Manuel López Obrador, en 2006. Prácticamente, el único país que no transitó por una nueva experiencia fue Colombia, el país más pro yanqui de América del Sur.

Sin embargo, ante este panorama, los diferentes gobiernos norteamericanos junto a sus organizaciones trasnacionales y cómplices internos, comenzaron a operar una serie de golpes blandos y fraudes electorales (como en el caso de México) con el fin de obstaculizar las políticas públicas de los diferentes gobiernos de izquierda.

Los Estados Unidos han utilizado de todo con el fin de derrocar a gobiernos legítimamente electos. Desde el bloqueo económico hasta los golpes blandos, usando el aparato judicial (como en Brasil, Argentina y Ecuador) o el legislativo (como en Brasil y Venezuela) y cuando nada ha funcionado hasta el clásico golpe de estado militar (como en Honduras). De esta forma, de manera forzada, se obliga a pueblos enteros a cerrar ciclos de exploración de alternativas al capitalismo salvaje y al modelo neoliberal impuesto desde los Estados Unidos.

En 2016 derrocan a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, con una pinza del poder judicial junto con el legislativo, lo que facilita la llegada a la presidencia del fascista Jair Bolsonaro, mismo que tomó posesión el 1 de enero de este año. En 2015 inicia una persecución judicial contra Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, con el fin de que no vuelva a participar como candidata a la presidencia de la república. En 2007 Lenin Moreno, sucesor de Rafael Correa, traiciona al proyecto Alianza PAÍS, e inicia una persecución judicial contra Correa que lo tiene en el exilio.

A duras penas (y con errores internos) sobreviven la ofensiva norteamericana países como Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Uruguay. Sin embargo, en las últimas semanas hemos visto verdaderas revueltas populares en Ecuador y en Chile en contra de medidas neoliberales por parte de los gobiernos de Lenin Moreno y de Sebastián Piñera, respectivamente.

El pasado fin de semana hubo elecciones en Argentina. Al momento de escribir este artículo no conocemos los resultados pero esperemos que el pueblo argentino mande a su casa al talibán neoliberal Mauricio Macri.

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