Lunes, 06 Abril 2020 00:00

Algo sucede en Los Sauces

Escrito por: David Álvarez

I

Hace unos meses conocí a un taxista. 68 años, calvo, regordete y chaparro. Fue casualidad. Compré unas cervezas en la calle Valencia y estaba ahí, comprando las suyas. Salió una charla sobre futbol y sobre nosotros y me quedé con él para beber unos tragos en una banca.

Le conté mi desgracia y él la suya, la cual era similar en circunstancias, aunque no en intensidad: perdió el trabajo hace cuatro años; se dedicó a beber durante dos meses al grado de tomarse cinco panalitos de Tonayán diarios que devino en una congestión alcohólica.

Su esposa e hijas no soportaron la situación y decidieron irse. Durmió en la calle hasta que un amigo suyo lo halló tirado en el mercado Los Sauces, borracho, y después de eso y varios meses más encontró un trabajo en un comedor industrial y luego vendiendo frituras, y dejó el alcohol. Ahora es taxista: no es su sueño, pero deja algo. Su historia me hizo soltar algunas lágrimas: “¿Por qué lloras, caon?”. “Por nada, don, por nada”.

II

Lisboa es una de las calles más bellas de Sauces. Se podría decir que no pasa nada y es que lo extraordinario tiene sus reservas en estos sitios. Pero algo sucede. Siempre sucede. Señoras en la plática, con escoba en mano. Niños que juegan futbol y hacen equipos mientras colocan dos piedras como límite para marcar un gol. O muchos.

Algunas casas tienen el volumen de la música alto y cantan al unísono, como si tuvieran fiesta. Luego hay monosos. Una juntilla de jóvenes entre 14 y 18 años que te miran detenidamente para luego voltearse y seguir su charla al reconocerte.

Hay una casa, en la que un señor lava su automóvil y en la fachada yace el cuadro de una virgen con luces de neón alrededor, moviéndose al compás de una tonada. Me gusta esta calle, en verdad. Un laberinto de galerías subterráneas en una ciudad que se volvió paisaje.

Casi nunca está sola y todos ríen. En línea paralela, ingreso a la calle Valencia, en donde venden cerveza. Hace meses encontré a un taxista alcohólico y me enseñó una lección. Aprendí, sí, pero poco me importa ahora. Acudo, saludo, compro y me retiro.

A veces me encuentro a alguien conocido o conozco gente, principalmente viejos, que, ante la constancia, hemos hecho amistad: “¿Otra vez?”. “Como debe de ser, don”. Lisboa es una de las calles más bellas de Sauces simplemente porque parece que no pasa nada y sucede tanto. “¡Cuántas ocultas demencias contiene el orden cotidiano!”, escribió W. Gombrowicz.

Facebook: David Álvarez (Saltapatrás)

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