Miércoles, 15 Abril 2020 17:20

¿Bondad natural o perversión social?

Escrito por: Arturo Iván Cervantes

En las últimas semanas se ha repetido el discurso de que hay que apelar a una especie de naturaleza humana; la cual consiste en redescubrir cierta bondad que la madre naturaleza le otorgo al ser humano. Dicho discurso recuerda a la tesis que planteaba Rousseau en 1762; es decir, el ginebrino comienza la obra diciendo que el hombre es bueno por naturaleza. Si esto es posible, se infiere que dentro del humano existe la bondad y que el paso de este por el mundo se va haciendo malo.

Pensando, a fondo, la idea de que “hay que sacar cierto lado humano” frente a la contingencia de la pandemia por el COVID-19, es imposible no hacerse el siguiente cuestionamiento: ¿qué tipo de Humanidad hay que predisponer? Si realmente se hace el llamado que Rousseau plantea (esa bondad de la naturaleza otorgó al sujeto antes de entrar a sociedad), podríamos afirmar que la sociedad pervierte al hombre. Pero si la comunidad está conformada por hombres y mujeres, ¿cómo es que se corrompieron? ¿qué cosa hace que la sociedad haga maligno a los seres humanos?

Es en este punto que vendría a bien recordar a Thomas Hobbes y su frase “el hombre es lobo del propio hombre”. Si se acude a la pronta de Rousseau es fácil percatarse que no hay bondad natural, por la sencilla razón de que el individuo es un ser social; esto es, que se forja como ser humano estando en contacto con los otros.

Es en este punto, donde la tesis del pensador inglés es una clave para tratar de entender las prácticas que los hombres y mujeres realizan en su vida cotidiana; cuyas características principales son no liberar dicha bondad que posee intrínsecamente el ser humano. Realmente si se reflexiona la situación actual que enfrenta el sujeto contemporáneo, es muy fácil observar lo evidente del actuar de la persona; pues se hace visible que la postura o conducta que toma el individuo es totalmente la que predisponía Hobbes como una característica fundamental del ser humano.

Lo que nos deja es la cuestión de la “individualización” del ser humano en el sentido de segregación (como si entrara el mismo individuo en un apartheid social), pues ofrece señales de que la pandemia saca el lado racial, clasista y ególatra del prójimo.

Por último, es menester que, en estos tiempos, más allá de repensar los estragos económicos, también le se le dé la importancia a la cuestión moral y ética, pues esto daría una pauta para reconsiderar nuestra naturaleza humana (o, mejor dicho, se debería reflexionar el Humanismo que reproduce en este tiempo apocalíptico).

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