Domingo, 01 Octubre 2017 19:00

Las grandes aguas

Escrito por: Juan Pablo Mendoza Esqueda

En México tenemos una democracia niña”.

Carlos Fuentes

¿En qué momento perdimos a la niña?

Imagino el proceso electoral 2018 como un rin de lucha libre a tres bandas; en el primer grupo se ve el trio súper poderoso. En donde tras el joven maravilla van la Gatúbela y el Batman que nos dio ese México jarocho, ese político transfigurado, y a luego, más atrás de ellos, viene el hombre verde que se torna turquesa al calor del dinero.

Enfrente está el señor tricolor Smith, el sistema mismo y en la tercera esquina, un rayito disfrazado de esperanza, la mafia fuera del poder que quiere remplazar a la mafia en el poder.

Una opción impresentable y asesina, narco-democracia en acción, qué les importa el dinero legal si lo multiplican con el ilegal, ahora estará a la vista de todos, esta costosa y absurda democracia electoral en campaña, la pagará quien es su legítimo dueño, el dinero sucio, lo peor del sistema.

Y en esas andábamos cuando les tembló la paranoia, no en la tierra, sino en las redes sociales, en el enjambre ciudadano que no defiende a ningún partido, que ni vota en su mayoría, agazapado e incrédulo de esta democracia narcotizada que no da para más. Les creeríamos si en el presupuesto de los años por venir se incluye a Chiapas y Oaxaca en el desarrollo económico nacional, y sí, hay que recanalizar recurso económico de los partidos, a la reconstrucción de lo mucho derruido. En vez de gastar en promover sus vanidades, es lo mejor que nos dejó el temblor, se derrumbó el edificio del teatro electoral que tenemos que sufragar cada año.

Mientras que en el bosque universitario también perdimos a la niña.

No se puede negar el sentido del voto, sacando a las minorías del órgano electoral universitario. El centralismo del que nos quejábamos en el pasado se convirtió en un monstro feroz, hemos padecido nuestra propia transición democrática, foxiamos de la peor forma, y aquí estamos frente a un proceso que en principio de ejemplar, pasa a ser el mal ejemplo, de cómo se expresa el sectarismo y el autoritarismo al seno de nuestra democracia universitaria, la cual construida con muchas generaciones talentosas y entregadas a la promoción del autogobierno y ahora estamos peor que en un principio, pero aun así creo en la voluntad democrática de la comunidad universitaria y no de la imposición de un pequeño club. Persiste un modelo al desconocer a la otra parte de la comunidad universitaria, negar su diversidad es negar el cauce del agua.

Universidad pública contra la impunidad

Las universidades públicas habrán de ser ejemplo de transparencia administrativa, si permitimos la corrupción como la de la Estafa maestra y otras estafas doctoras, estamos perdidos en la Historia, si corrompemos el sistema académico, la factura a pagar por ello es grande. De la libertad de cátedra, de investigación, de elección, penden los valores universitarios. Toca hablar de la concordia y también de la legalidad que hay que defender en la democracia niña de la UAQ.

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