Domingo, 08 Octubre 2017 19:00

Elecciones: el germen de la corrupción (II/II)

Escrito por: Francisco Hernández Calderón

Sin lugar a dudas valdría la pena preguntarnos, ¿qué podemos esperar para los próximos meses, con unos partidos políticos que representan cada vez menos a los ciudadanos y cada vez más a los grupos de interés a los que sirven para mantener sus posiciones? Un festín de corrupción y de campañas políticas permanentes.

Empezando por tener en claro que la corrupción no es cultural, como arguye nuestro presidente Peña, gran parte de la corrupción esta hospedada en nuestro entramado institucional y deviene de los procesos electorales, del excesivo financiamiento a partidos, y de la manera en la que (en la práctica) se llevan a cabo las elecciones.

La existencia de dinero en efectivo dentro de las campañas políticas es una de las muchas variables de suma importancia que es preciso no ignorar para comprender una parte del proceso de la corrupción.

En el contexto mexicano como en muchos otros, el complemento perfecto de la corrupción resulta ser el dinero en efectivo, debido al poco registro que dejan las transacciones con este medio de pago. El marxismo nos sugiere que el movimiento que la circulación de mercancías (bienes y servicios) imprime al papel moneda (dinero en efectivo) como medio de pago, y que lo aleja de su punto de partida para transmitirlo de mano en mano, es a lo que se le denomina curso de la moneda.

El curso que sigue el dinero dentro de las campañas políticas resulta importantísimo no solo por el hecho de que no se sepa específicamente en que se gasta, sino porque es dinero de los contribuyentes e impacta negativamente en el bolsillo de todos los ciudadanos. Durante las campañas políticas este curso de la moneda resulta difícil de monitorear, más cuando las transacciones se efectúan con dinero en efectivo.

Como sabemos, cada vez con mayor rapidez nuestra economía como hoy la conocemos tiende a una inminente digitalización, y con ello los medios de pago se están diversificando como nunca antes. Dejando de lado las desventajas que esto implica y enfocándonos en las ventajas (que son más), uno de los beneficios que ofrece la digitalización es que permite tener un registro claro sobre el curso del dinero casi en tiempo real.

Si se supone tenemos instituciones de vanguardia, y ejemplo de ello es el INE con sus versiones subnacionales, ¿por qué seguimos utilizando medios de pago del siglo XIV en algo que se presume tan importante para la democracia como las campañas políticas? De manera arriesgada, se podría especular que el árbitro forma parte de la dinámica de corrupción, pero eso sería muy al estilo AMLO.

La situación que prevalece hasta el día de hoy es que una vez que el INE a través del IEEQ hace entrega del monto correspondiente a cada partido político y candidatos independientes, no existen los suficientes mecanismos de fiscalización que faciliten a la Comisión de Fiscalización del IEEQ revisar exactamente en que se gastaron el dinero los candidatos.

No hay forma de corroborar los gastos realizados en campaña como por ejemplo el soborno o la compra del voto. Una vez que los recursos federales son entregados a los partidos y posteriormente extraídos de los bancos, es prácticamente imposible seguir a detalle la huella del dinero, no hay forma, no hay mecanismos reales que permitan a las auditorias del IEEQ revisar en que se gastaron el dinero los partidos y candidatos.

El dinero en efectivo debe desaparecer no solo de las campañas políticas sino de todas las entidades gubernamentales. Con un sistema regional anticorrupción todavía inoperante los retos para las próximas elecciones son mayúsculos. Las actuales circunstancias en el estado dejan mucho que desear. El gobierno del estado se jacta de ser el primer estado en terminar de implementar al 100 por ciento su Sistema Local Anticorrupción (SLA), pero la realidad es que ni se le ha destinado el presupuesto razonablemente suficiente para realizar sus operaciones, ni cuenta todavía con el personal necesario con la capacitación adecuada. El SLA está siendo utilizado más bien como arma política en contra de la oposición. Eso sin mencionar que el único órgano del SLA de incidencia real de los ciudadanos, el Consejo de Participación Ciudadana (CPC) fue capturado por una élite empresarial de nexos panistas.

El panorama no es nada optimista en un estado en donde la democracia se vive a dos bandos y el voto se ha convertido en una mercancía que es posible comprar y vender deliberadamente. Solamente hay dos cosas seguras en la vida; la muerte, y pagar impuestos. Ante una corrupción evidente, la segunda debería ser razón suficiente de ignominia en la sociedad queretana.

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