Martes, 01 Diciembre 2020 09:28

Don Pablo

Escrito por: E. M. Zaragoza

Alivia siempre escuchar a don Pablo González Casanova. Contra la esclerosis que suele acompañar a la edad, en él los años acumulados son energía renovadora, pues vive pensando en los caminos que todo desastre acaba ofreciendo. En cada coyuntura relevante, su voz clara y distinta ha abierto caminos por explorar.

Sucedió en 1965, cuando puso en circulación su libro La democracia en México, un clásico de la sociología mexicana. Ahí planteó que la estructura de poder que opera en México se explica por el tipo de país que somos, incluyendo por supuesto los ideales y ambiciones entreverados en el conjunto social. Y sucedió en 1994, cuando vislumbró la vitalidad creativa del pensamiento neozapatista, que desde el sureste interpeló a la economía globalizada y a las estructuras políticas que la sostienen.

Hoy, en el contexto de los 90 años del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional, el pensador mexiquense planteó la necesidad de interpretar la actual pandemia como un problema geológico y social, y llamó a abandonar la interpretación ideológica que pone en el centro al individuo y su curación, pues al hacerlo así, se está dando la espalda a la magnitud de los problemas ecológicos.

En suma, este hombre que recorre lúcida y provechosamente su año 99, urgió a la máxima casa de estudios del país a inaugurar la investigación que explore las relaciones entre los problemas ecológicos y los problemas sociales, con el propósito de encuadrar adecuadamente las desigualdades y plantear un mundo sin criados ni señores.

Además de la investigación, las universidades están ante el reto de replantear sus opciones formativas y volver los ojos a lo primordial, empezando justamente por su concepción del deprimido sector primario de la economía. Con programas académicos derivados de una nueva visión de lo básico, podrían aportar mucho a la reactivación de la agricultura y todo lo que gira en torno suyo.

Esto es muy pertinente de cara al agotamiento del mercado como empleador, de cara a la expulsión de mano de obra a consecuencia de la tecnología, la automatización y la virtualidad y, por supuesto, de cara a la precarización social y el desastre nutricional extendidos por todo el planeta. Si se exploraran estos caminos, don Pablo podría decir satisfecho: misión cumplida.

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